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Cómo organizar el refrigerador para evitar enfermedades y ahorrar dinero

Organiza el refrigerador con ciencia para evitar bacterias, prolongar la vida de tus alimentos y reducir el desperdicio

Cuidado con la puerta, es la zona con más cambios de temperatura; resérvala solo para salsas, bebidas y aderezos, manteniendo los lácteos y huevos en el centro.

Cuidado con la puerta, es la zona con más cambios de temperatura; resérvala solo para salsas, bebidas y aderezos, manteniendo los lácteos y huevos en el centro. Crédito: Shutterstock

La seguridad alimentaria es un concepto amplio que abarca varios procesos: desde la selección minuciosa de los insumos y su preparación, hasta su almacenamiento estratégico. La manera en que resguardamos los productos es clave; por ello, presentamos estas recomendaciones para preservar el buen estado de la comida, optimizar su conservación y, sobre todo, evitar el desperdicio de alimentos.

El refrigerador es un equipo que debe mantenerse en condiciones de higiene rigurosas. Mientras que en entregas anteriores explicamos el paso a paso para mantenerlo libre de bacterias, en este trabajo detallamos en qué sección específica debe ubicarse cada tipo de alimento para preservar su calidad e inocuidad.

¿Por qué es fundamental organizar el refrigerador?

Ordenar la nevera no representa mayores dificultades y los beneficios son múltiples. Más allá de la armonía visual, es un pilar para la seguridad alimentaria y la economía del hogar. Un refrigerador organizado prolonga la vida útil de los productos y es la primera barrera de defensa para prevenir Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA).

Para profundizar en este tema, la ingeniera en alimentos Montse Meléndez, experta en seguridad alimentaria, nos explica cómo se distribuye el flujo de aire frío y qué tipo de productos corresponden a cada sección para garantizar una conservación óptima.

  • La parte superior y el pan

La experta explica que la zona superior del refrigerador suele tener una temperatura más constante que las áreas inferiores, pero no es tan fría como la base. Es el lugar perfecto para los alimentos “listos para el consumo”. Aquí es donde debemos colocar las sobras de comidas anteriores, siempre en recipientes herméticos de vidrio o plástico libre de BPA. Recuerda que los restos de guisos o pastas deben consumirse en un margen de 3 a 4 días; después de este tiempo, el riesgo de proliferación bacteriana aumenta significativamente. Además, guardar el pan en esta zona es un truco excelente para prolongar su vida útil sin que aparezca moho, aunque recuerda que puede cambiar un poco su textura al resecarse.

  • La parte media: el hogar de lácteos y huevos

En el centro del refrigerador la temperatura es ideal para los productos que requieren refrigeración constante pero no frío extremo. Los lácteos como yogures y postres deben vivir aquí. Un punto crítico son los quesos: los curados pueden durar de 2 a 3 semanas, mientras que los frescos deben consumirse mucho antes. Los embutidos también pertenecen a esta zona; una vez abierto el paquete, su vida útil se reduce a una semana.

Respecto a los huevos, aunque muchas neveras traen hueveras en la puerta, lo profesional es ponerlos en la parte media dentro de su propio cartón. Esto evita que los cambios de temperatura al abrir la puerta debiliten la membrana interna del huevo, manteniéndolos frescos de 3 a 5 semanas.

  • La parte baja: seguridad para carnes y aves

Esta es técnicamente la zona de mayor peligro si no se organiza bien, pero la más segura si se hace correctamente. Al ser el punto más frío, es donde deben estar las proteínas crudas. Las carnes rojas tienen un margen de 3 a 4 días.

Sin embargo, el pollo crudo es extremadamente sensible y solo debe estar en refrigeración 1 o 2 días antes de cocinarse o congelarse. Colocarlos aquí abajo tiene una razón de peso: evitar el “goteo”. Si la carne suelta jugos, estos no caerán sobre otros alimentos, evitando la contaminación cruzada por bacterias como la Salmonella o E. coli.

  • Los cajones: control de humedad

Los cajones están diseñados para crear un microclima. Las frutas y verduras necesitan un nivel de humedad distinto para no marchitarse. Al estar protegidas dentro de los cajones, se evita que el frío directo del ventilador del refrigerador “queme” las hojas de las lechugas o acelgas. Un consejo de experta: intenta no mezclar frutas que liberan gas etileno (como las manzanas) con verduras de hoja verde en el mismo cajón, ya que esto hará que las verduras se pongan amarillas y se dañen mucho más rápido.

  • La puerta: resistencia y estabilidad

La puerta es la zona más “sufrida” debido al movimiento constante y al contacto con el aire caliente del exterior cada vez que la abrimos. Por eso, solo debemos colocar productos con conservantes naturales (sal, vinagre, azúcar). Las salsas (ketchup, mostaza, aderezos) y los encurtidos son ideales aquí porque su acidez los protege. También es el lugar para las bebidas como jugos o refrescos. Aunque mucha gente pone la leche en la puerta, si no la consumes en un par de días, es preferible moverla a la parte media para asegurar que no se corte por los cambios térmicos.

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