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Evita riesgos en la cocina: claves para elegir carne, agua y frutas saludables

Evita riesgos al comprar: aprende a identificar carne en mal estado, los peligros del agua embotellada y por qué las frutas precortadas pierden sus nutrientes

Antes de llevar esa carne a casa, observa los cristales de hielo y el empaque. Un envase inflado es señal de bacterias activas.

Antes de llevar esa carne a casa, observa los cristales de hielo y el empaque. Un envase inflado es señal de bacterias activas. Crédito: Shutterstock

La carne congelada, el agua embotellada, las ensaladas y frutas precortadas, son alimentos que pueden hacer las labores de la cocina más sencillas y pueden representar un ahorro en algunas oportunidades. Sin embargo, es justamente esa facilidad la que supone riesgos para la salud, ya que en ocasiones no se preserva la calidad original o no permite apreciar la frescura del producto.

Guía para comprar carne: ¿Frescura o conveniencia?

Un mal olor en el departamento de carnes es una señal de que algo no anda bien.
Un mal olor en el departamento de carnes es una señal de que algo no anda bien.
Crédito: Shutterstock

La sección de carnes del supermercado ofrece una amplia variedad, desde los cortes frescos hasta los congelados. Para seleccionar las mejores opciones, hay que estar atentos a algunas señales visuales que revelan el verdadero estado de la carne.

La recomendación de los expertos es evitar comprar carne congelada de origen; en su lugar, sugieren adquirir carne fresca para verificar su color, textura y olor, y posteriormente congelarla en casa bajo condiciones controladas.

Carne congelada o empaques hinchados

Una de las características críticas a las que debemos prestar atención son los cristales de hielo. Estos indican que, muy probablemente, el producto sufrió una descongelación involuntaria en el mostrador. Si la carne está congelada, el hielo excesivo revela quemaduras por congelación, un proceso donde el alimento pierde su humedad, resultando en una textura dura, seca y con manchas marrón grisáceas que arruinan la experiencia gastronómica.

Asimismo, se deben descartar los empaques hinchados o inflados. Este abultamiento es causado por gases derivados de microbios activos, lo que indica una descomposición en curso. Es vital diferenciar el empaquetado en atmósfera modificada (MAP) —un proceso técnico que utiliza gases específicos para alargar la vida útil— del abultamiento por degradación orgánica.

Signos de alerta: Líquidos y envases dañados

La acumulación de líquido en el envase es otro signo de alerta, pues sugiere que la carne ha sido manipulada excesivamente o que lleva demasiado tiempo en estantería, perdiendo su capacidad natural de retención de líquidos. También se debe observar el cambio de color, donde la falta de frescura se vuelve evidente.

Finalmente, evite comprar paquetes dañados o rotos, ya que son un foco de contaminación cruzada. Un empaque roto permite la entrada de oxígeno, acelerando la putrefacción, y expone la carne a bacterias del entorno. Además, el derrame de jugos puede contaminar otros productos en su carrito, comprometiendo la higiene de toda su compra.

El debate del agua embotellada

El almacenamiento prolongado y el calor pueden liberar microplásticos en tu agua embotellada.
El almacenamiento prolongado y el calor pueden liberar microplásticos en tu agua embotellada.
Crédito: Shutterstock

Estudios científicos explican que el agua del grifo suele estar sometida a controles de calidad y normativas de salud mucho más estrictos y frecuentes que el agua embotellada, cuya regulación puede ser más laxa.

El consumo de agua envasada nos expone a la ingesta de microplásticos y sustancias químicas que se desprenden del envase debido al almacenamiento prolongado o a los cambios de temperatura durante su transporte. La exposición a fluctuaciones térmicas acelera la degradación del polímero, facilitando la migración de compuestos nocivos hacia el líquido y comprometiendo la pureza del agua que consumimos.

Vegetales y frutas precortadas: Costo vs. Nutrición

Aunque las frutas precortadas ahorran tiempo, la oxidación les roba nutrientes. Opta por piezas enteras para garantizar máxima frescura y evitar microplásticos.
Aunque las frutas precortadas ahorran tiempo, la oxidación les roba nutrientes. Opta por piezas enteras para garantizar máxima frescura y evitar microplásticos.
Crédito: Shutterstock

Aunque los vegetales lavados, pelados y cortados ahorran minutos valiosos, suponen un incremento considerable en el precio final. Al comprar frutas y verduras enteras, no solo reduces el gasto semanal, sino que garantizas una mejor conservación de los nutrientes al evitar la oxidación prematura.

Tomarte el tiempo de procesar tus propios alimentos te permite tener un control total sobre la higiene y el aprovechamiento integral de cada pieza, como el uso de tallos para crear caldos nutritivos.

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