Comer a deshoras: cómo afecta tu energía y concentración
Comer a deshoras puede causar estragos en tu salud y eso puede reflejarse en tu energía y concentración. Te ofrecemos algunos consejos para alimentarte mejor
Comer a deshoras es un hábito que puede causar muchos problemas en tu sistema digestivo. Crédito: fast-stock | Shutterstock
Comer a deshoras es una práctica más común de lo que parece, especialmente entre quienes tienen jornadas laborales largas, turnos rotativos o múltiples responsabilidades. Saltarse comidas, cenar muy tarde o comer sin horarios definidos no solo afecta la digestión, también puede influir de forma directa en la energía diaria y en la capacidad de concentración. Entender cómo funciona esta relación es clave para mejorar el rendimiento físico y mental sin recurrir a soluciones extremas.

¿Qué significa comer a deshoras?
Comer a deshoras no se limita a cenar tarde. También incluye pasar muchas horas sin ingerir alimentos, comer grandes cantidades en la noche tras un día de ayuno irregular o variar constantemente los horarios de las comidas. Este patrón confunde al cuerpo, que funciona mejor cuando recibe alimento de manera predecible.
El organismo regula procesos como el metabolismo, la liberación de hormonas y los niveles de glucosa siguiendo ritmos internos. Cuando los horarios de comida cambian constantemente, estos ritmos se alteran y el cuerpo entra en un estado de adaptación continua que puede generar cansancio y falta de claridad mental.
Impacto en los niveles de energía
Uno de los efectos más evidentes de comer a deshoras es la sensación de agotamiento. Pasar muchas horas sin comer puede provocar bajones de azúcar en la sangre, lo que se traduce en debilidad, somnolencia e irritabilidad. En respuesta, muchas personas recurren al café o a alimentos azucarados, creando un ciclo de energía inestable.
Por otro lado, comer en exceso durante la noche obliga al cuerpo a concentrarse en la digestión cuando debería estar en fase de descanso. Esto puede generar una sensación de pesadez, interferir con el sueño y provocar que al día siguiente la energía sea menor desde las primeras horas.
Efectos sobre la concentración y la memoria
La falta de horarios regulares en las comidas también afecta la función cognitiva. El cerebro necesita un suministro constante de energía para mantener la atención, procesar información y tomar decisiones. Cuando este suministro es irregular, aparecen dificultades para concentrarse, olvidos frecuentes y sensación de niebla mental.
Comer muy tarde o saltarse comidas puede hacer que tareas simples parezcan más complejas. A largo plazo, estos hábitos pueden impactar la productividad laboral y académica, además de aumentar la frustración y el estrés diario.
Relación con el estado de ánimo
La alimentación desordenada no solo repercute en el cuerpo y la mente, también influye en el estado emocional. Los cambios bruscos en los niveles de glucosa pueden generar cambios de humor, ansiedad e irritabilidad. Esto es especialmente común cuando se pasa gran parte del día sin comer y luego se ingieren alimentos de forma impulsiva.
Mantener horarios más estables ayuda a regular no solo la energía física, sino también la emocional. Comer de manera más predecible puede contribuir a una sensación general de equilibrio y bienestar.
Cómo mejorar los horarios sin cambios drásticos
No es necesario seguir un plan rígido para dejar de comer a deshoras. Pequeños ajustes pueden marcar una diferencia importante. Establecer al menos tres momentos de comida al día, aunque los horarios no sean exactos, ayuda al cuerpo a anticipar la llegada de alimento.
Preparar snacks sencillos, evitar saltarse el desayuno y procurar que la cena no sea excesivamente tardía son pasos accesibles. También es útil escuchar las señales de hambre real y no posponerlas de forma constante por trabajo o distracciones.

La importancia de la constancia
Más que la perfección, lo que beneficia al cuerpo es la constancia. Comer a horarios similares la mayoría de los días permite que el organismo funcione de forma más eficiente. Con el tiempo, esto se traduce en mayor energía sostenida, mejor concentración y una relación más equilibrada con la comida.
Adoptar horarios de alimentación más ordenados no solo mejora el rendimiento diario, también contribuye a una mejor calidad de vida a largo plazo.
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