La trampa del 75%: el ingrediente oculto que te hace comer más (y no son las grasas)
¿Por qué nos obsesiona lo dulce? Descubre la trampa evolutiva del azúcar añadido, su impacto real en la insulina y por qué contar calorías ya no funciona
Los hidratos de carbono refinados generan picos de insulina que impactan en el peso de forma diferente a las calorías provenientes de proteínas. Crédito: Shutterstock
La razón por la que nos gustan los alimentos dulces se remonta a la era paleolítica, cuando el ser humano descartaba los alimentos amargos como venenosos y adoptaba los dulces como seguros. Esta es una estrategia que la industria alimentaria ha sabido emplear al punto de que hoy existen demasiados productos con azúcar añadido, afectando notablemente el aumento de peso en la población.
El análisis pertenece a Sebastián La Rosa, experto en longevidad, quien explica que el cuerpo posee mecanismos de detección para determinar cuándo un alimento es dañino para la salud y cuándo no lo es.
“La idea en nuestra evolución era evitar la ingesta de plantas tóxicas para sobrevivir, pero sin que hiciera falta ingerirlas para darnos cuenta; bastaba con llevárselas a la boca. Muchas de esas plantas son amargas, y es una de las razones por las cuales podemos usar el gusto amargo en la comida para regular negativamente nuestro hambre y comer menos”.
Justamente gracias a esa asociación del sabor dulce es que, si se le agrega azúcar o cualquier reemplazo del azúcar a un alimento, se genera el efecto opuesto: el deseo de comer más.
“Los productores de alimentos industrializados conocen este efecto; es por eso que, si bien en los últimos años se redujo ligeramente el porcentaje de productos industrializados que tienen azúcar en cualquiera de sus formas, este sigue siendo de aproximadamente el 75%”, explica.
La trampa del azúcar en los productos industrializados

Lo cierto es que los hidratos de carbono refinados que comemos de más hoy, como los de absorción rápida y las bebidas azucaradas, aumentan más nuestro peso que la misma cantidad de calorías que no impactan sobre la insulina.
La Rosa explica que el impacto que tiene este azúcar agregado es tan importante en el metabolismo que, cuando se consume la cantidad correcta de alimentos y de calorías, pero se agrega una gaseosa de 600 ml todos los días, se puede llegar a aumentar hasta 11 kg de grasa por año.
Esto ocurre solo por el efecto metabólico del azúcar que consumiste. Teóricamente, estas gaseosas o sodas dulces contienen tres porciones por envase, pero la realidad es que se consumen de una sola vez.
El aumento real del consumo calórico diario
El problema está en que el aumento de estos 11 kg de peso en un año se estima asumiendo que las calorías se mantienen iguales; sin embargo, según los estudios citados por La Rosa, el consumo calórico no se mantiene igual, sino que va en alza.
En los últimos 20 años, las métricas muestran que:
- Las mujeres aumentaron más de 300 calorías su consumo diario promedio.
- Los adolescentes aumentaron 275 sus calorías diarias.
- Los hombres adultos aumentaron casi 200 calorías diarias.
El experto señala que no todas las calorías afectan a tu peso por igual. Por eso se puede hacer un déficit calórico y aun así no perder mucho peso, mientras que existen escenarios donde tenemos un exceso calórico —sobre todo si es un exceso proveniente de proteínas— y no se logra un aumento de peso.
El verdadero propósito detrás del ayuno intermitente
El exceso de azúcar y el aumento del consumo de calorías en los últimos 20 años son dos factores determinantes del auge del ayuno intermitente. “No ganó popularidad porque podría extender tu expectativa de vida; quienes hacen ayuno intermitente desde 2016 o 2017 todavía no tuvieron tiempo de afectar positivamente su expectativa de vida, y tampoco están midiendo su velocidad de envejecimiento genético como para poder evaluar esto”.
El mito de las grasas y la realidad de los carbohidratos
Al revisar el consumo de los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas), las grasas son las que más calorías y valor energético traen por gramo; sin embargo, se redujo la ingesta de grasa promedio del 40% al 30% sin que esto ayudara a bajar de peso. Por el contrario, “desde los años 80 el porcentaje de personas con obesidad y sobrepeso se duplicó, y está en camino a triplicarse”.
Lo que sí aumentó de forma alarmante fue la ingesta de hidratos de carbono. “Esto es doblemente problemático: por un lado, los hidratos de carbono que comemos de más nos hacen daño y nos generan sobrepeso, o nos generan más riesgo de diabetes y problemas cardiovasculares”.
Lo más grave para La Rosa es que esta tendencia muestra un problema que hemos tenido con la nutrición hasta ahora: “si nos basamos en premisas equivocadas, las consecuencias van a ser negativas”.
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