Eclipse lunar: el fenómeno que no volverá a repetirse hasta el 2044
La alineación entre el Sol, la Tierra y la Luna hará de esta semana una cita astronómica excepcional para los observadores
No te pierdas el eclipse lunar de esta semana, ya que será distinto a todos los demás. Crédito: NASA | Cortesía
Hay noches que parecen importantes por lo que ocurre en el cielo y otras porque obligan a mirar el calendario para entender cuánto tiempo habrá que esperar para volver a vivir algo parecido. El eclipse lunar que podrá observarse esta semana desde Nueva York y Nueva Jersey pertenece a la segunda categoría.
El fenómeno forma parte de la serie Saros 138, una sucesión de eclipses que se repiten con intervalos de poco más de 18 años. Sin embargo, eso no significa que un espectáculo prácticamente idéntico pueda verse desde el mismo lugar con esa frecuencia. La geometría entre el Sol, la Tierra y la Luna cambia en cada ciclo, y por eso la visibilidad y las características de cada eclipse pueden ser muy distintas.
El antecedente de este eclipse dentro de la misma serie ocurrió el 16 de agosto de 2008. El próximo llegará el 7 de septiembre de 2044, según la NASA. Son casi 2 décadas entre uno y otro, pero la diferencia resulta mucho más llamativa al pensar en el tipo de fenómeno que podrá contemplarse esta semana.
Una espera que se mide en décadas
La cifra que convierte este evento en una cita astronómica especialmente singular es 18 años.
Para encontrar nuevamente un eclipse de esta secuencia bajo condiciones comparables, habrá que esperar hasta 2044. Dicho de otra manera, después de esta semana habrá que atravesar buena parte de las décadas de 2030 y 2040 antes de que el cielo vuelva a ofrecer una oportunidad semejante.
El dato puede parecer extraño porque los eclipses lunares no son acontecimientos extraordinariamente raros. Ocurren varias veces durante un periodo de años y, a diferencia de los eclipses solares, pueden observarse desde una zona considerablemente amplia de la Tierra.
Lo excepcional está en la combinación de circunstancias: la profundidad del eclipse, la posición de la Luna dentro de la sombra terrestre y la región del planeta desde la que podrá apreciarse.
En el máximo del fenómeno, más del 96% de la superficie visible de la Luna quedará cubierta por la umbra de la Tierra. Por eso, aunque técnicamente se clasifica como un eclipse lunar parcial, su aspecto estará muy cerca del de uno total.
La Luna podrá adquirir además una tonalidad rojiza o anaranjada, un efecto provocado por la atmósfera terrestre. La luz solar que atraviesa la atmósfera se filtra antes de alcanzar la superficie lunar y deja pasar principalmente las longitudes de onda rojizas. Es el mismo principio físico que explica los colores de muchos amaneceres y atardeceres.
El próximo eclipse similar no llegará hasta 2044
Hay algo particularmente atractivo en estos fenómenos: obligan a pensar en escalas de tiempo que no suelen formar parte de la vida cotidiana.
Cuando el eclipse vuelva a aparecer en 2044, habrán pasado 18 años desde esta oportunidad. Quienes hoy sean niños podrán ser adultos; quienes hoy sean jóvenes probablemente estarán en otra etapa de sus vidas. Incluso, la ciudad desde la que se observe habrá cambiado.
Por eso, más allá de los horarios y de la posibilidad de encontrar un cielo despejado, el eclipse tiene un componente difícil de medir con instrumentos: su carácter irrepetible para una generación.
Y esa es precisamente la razón por la que el eclipse de esta semana merece una mirada distinta. No se trata solamente de una Luna que se oscurecerá casi por completo durante unas horas. Es también una especie de marcador celeste: una escena que volverá a aparecer en el calendario cuando hayan pasado varios años.
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