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Migrante ecuatoriana celebró que había ganado famosa lotería de España, pero todo fue una gran confusión

La ilusión de ganar la famosa lotería de el Gordo de España se esfumó en horas para una migrante ecuatoriana en Madrid, tras una confusión que se volvió viral

Una de las loterías que más despierta ilusiones es El Gordo de Navidad que se celebra año con año en estas fechas en España.

Una de las loterías que más despierta ilusiones es El Gordo de Navidad que se celebra año con año en estas fechas en España. Crédito: Manu Fernandez | AP

La esperanza de haber obtenido el Gordo de la Lotería de Navidad, el premio más esperado del año en España, duró apenas unas horas para Gladys Manzanilla, una migrante ecuatoriana que reside en Madrid desde hace casi 30 años.

Lo que comenzó como un momento de alegría y esperanza terminó convirtiéndose en una confusión ampliamente difundida en redes sociales y medios, con eco incluso fuera de Europa.

El episodio ocurrió la mañana del sorteo, uno de los eventos televisivos más seguidos en el país ibérico. Mientras los niños de la Residencia Internado de San Ildefonso cantaban el número ganador, Manzanilla se encontraba trabajando como cuidadora de una persona mayor. Como muchos otros ciudadanos y migrantes, siguió el anuncio del premio a distancia, pendiente de la transmisión en televisión.

Al escuchar que el número premiado terminaba en 32, Gladys creyó reconocer su propio décimo, adquirido días antes en una tienda de barrio de la capital española. La coincidencia parcial fue suficiente para desatar la emoción. “Se parecía al número”, explicó más tarde, al relatar cómo la ilusión se impuso durante unos momentos a la verificación exacta del boleto.

Sin embargo, la revisión definitiva no llegó de inmediato. Fue al finalizar su jornada laboral cuando pudo comprobar con calma que su número no correspondía al Gordo. La confusión se disipó rápidamente, pero el impacto ya estaba hecho: la historia comenzó a circular con fuerza, impulsada por redes sociales, mensajes de WhatsApp y comentarios de vecinos y conocidos.

Una historia que cruzó fronteras

Aunque el malentendido se aclaró en pocas horas, el caso de Gladys Manzanilla se volvió viral y generó preocupación en su entorno familiar, especialmente en Ecuador. Sus padres, al enterarse de la noticia, temieron que se difundiera la idea de que ella había ganado una suma millonaria, lo que podría implicar riesgos para su seguridad.

Por ese motivo, Manzanilla solicitó expresamente que no se compartieran datos personales ni imágenes suyas. La preocupación no era infundada: historias relacionadas con grandes premios de lotería suelen atraer atención indeseada, rumores e incluso intentos de estafa.

La responsable de la administración de lotería donde se adquirió el décimo confirmó posteriormente la versión de Gladys y subrayó que ella no resultó ganadora del premio mayor. Aun así, el establecimiento continuó recibiendo felicitaciones por haber vendido el número agraciado a otros compradores, lo que contribuyó a mantener la confusión durante algunas horas más.

El peso simbólico del Gordo

La Lotería de Navidad no es solo un sorteo en España: es un acontecimiento cultural profundamente arraigado. Para muchos migrantes latinoamericanos en Europa, representa también una oportunidad simbólica de cambio, estabilidad económica o ayuda a familiares en sus países de origen. Esa carga emocional explica por qué una coincidencia parcial puede desatar reacciones tan intensas.

La expectativa de un golpe de suerte, la ilusión de mejorar la vida propia y la de los seres queridos, y el posterior desencanto forman parte de una experiencia compartida por muchas comunidades migrantes, independientemente del país.

Redes sociales, ilusión y desinformación

El caso también pone de relieve la rapidez con la que una información incompleta puede viralizarse. Bastaron minutos para que la supuesta ganadora fuera identificada erróneamente como tal, sin una confirmación oficial. En la era digital, la emoción suele adelantarse a los hechos, y la rectificación rara vez alcanza la misma difusión que la noticia inicial.

Al final, Gladys Manzanilla volvió a su rutina cotidiana, con la tranquilidad de haber aclarado el malentendido, pero también con la experiencia de haber estado, aunque fuera por unas horas, en el centro de una historia que cruzó fronteras. Su caso deja una lección clara: en tiempos de viralidad instantánea, la ilusión puede viajar rápido, pero la verdad siempre termina alcanzándola.

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