De aperitivo de élite a fenómeno gourmet: la fascinante historia y evolución del sándwich PB&J

El sándwich de mantequilla de maní y mermelada cumple 125 años y sigue reinventándose. Conoce su origen y sus ingredientes.

De la elegancia de 1901 a las aulas escolares: la mantequilla de maní y la mermelada sobre pan rebanado consolidaron al PB&J como uno de los platos más versátiles de EE.UU.

De la elegancia de 1901 a las aulas escolares: la mantequilla de maní y la mermelada sobre pan rebanado consolidaron al PB&J como uno de los platos más versátiles de EE.UU. Crédito: Shutterstock

El sándwich de mantequilla de maní y mermelada, un clásico estadounidense conocido mundialmente como PB&J, nació originalmente como un aperitivo elegante reservado para las clases acomodadas.

La primera referencia documentada de este icónico bocadillo se remonta a 1901, cuando se publicó su receta en The Boston Cooking School Magazine, sugiriendo el uso de mermelada de grosella o de manzana silvestre.

Esta deliciosa combinación conquistó rápidamente los paladares de la época. Entre las décadas de 1920 y 1930, gracias a la llegada del pan rebanado y a la expansión de la mantequilla de maní comercial de la mano de marcas como Peter Pan, Skippy y, más tarde, Jif, el plato se democratizó y llegó a millones de hogares.

Un sándwich sencillo que admite casi cualquier cambio

El secreto de su éxito radica en su fórmula tradicional: pan blando, mantequilla de maní (cremosa o crujiente) y mermelada, por lo general de frutos rojos. Se trata de una opción accesible, fácil de preparar y con un excelente aporte de proteínas que ayudan a sostener la energía por más tiempo, convirtiéndolo en un elemento infaltable en los almuerzos escolares.

Sin embargo, las restricciones por alergias al maní en las escuelas impulsaron la popularidad de alternativas como la mantequilla de almendra y las pastas de semillas de girasol, lino o calabaza. Del mismo modo, las opciones de mantequilla de maní natural han ganado terreno, aunque la separación natural de sus aceites y la necesidad de mezclarla antes de usar siguen generando debate entre los consumidores.

Un clásico que se reinventa

Aunque la tradición dicta la norma de los tres ingredientes básicos (pan, mantequilla y mermelada), hoy existen variantes regionales que se atreven con sabores dulces, salados y hasta picantes. Destacan las versiones a la plancha o fritas, combinaciones atrevidas con pepinillos y papas fritas, y preparaciones con crema de malvavisco, como el famoso Fluffernutter de Nueva Inglaterra.

En Texas, por ejemplo, algunos establecimientos añaden mermelada de jalapeño y tocino, mientras que en el sur de los Estados Unidos el sándwich frito es un infaltable de las ferias estatales. Otras variaciones incorporan chile, plátano, nueces y diversos tipos de panes artesanales.

El PB&J llega a los restaurantes gourmet

La evolución de este sándwich ha alcanzado la alta cocina. En San Antonio, el local PB&J with Tay ofrece creaciones con huevo, beicon, plátano, queso crema y mermeladas de autor. En Filadelfia, se sirve una versión frita con pan de masa madre rebozado en cereales.

En Nueva York, el restaurante Pearl Street prepara triángulos de PB&J con ganache de foie gras sobre pan de leche, manteniendo la clásica mantequilla de cacahuete Jif y la mermelada Smucker’s. Este plato alcanza un valor de 24 dólares, sirviendo como un claro ejemplo de cómo un aperitivo infantil puede transformarse en una propuesta culinaria sofisticada.

La próxima generación del sándwich más versátil

Los tres pilares del PB&J continúan reinventándose con el tiempo. Los productores especializados ofrecen hoy mantequillas de frutos secos con sabores a pistacho, canela, arce, miel o chocolate oscuro.

Las mermeladas también se transforman mediante la incorporación de semillas de chía, frutas frescas y pretzels triturados. En cuanto a la base, el uso de croissants, pan jalá y otras variedades panificables transforma por completo la experiencia sensorial. Pese a todas estas innovaciones y adaptaciones, el PB&J mantiene intacto su valor más preciado: su poderoso vínculo con la infancia y la memoria familiar.

Con información AP

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