Desde el interior de Crossroads: la “cárcel de máxima seguridad” para menores

La Ciudad se prepara para el traslado de menores de entre 16 y 17 años desde Rikers Island a centros de detención juveniles

Dos guardias custodian la entrada. Retiran objetos valiosos y explican las reglas del lugar. Dos puertas se abren a la orden de un tercer guardia que analiza cada movimiento dentro de la cápsula en la que, por varios segundos, la respiración se detiene. La puerta del otro lado se abre. Una segunda cápsula. Otro par de segundos.

El procedimiento parecería la entrada a una cárcel de máxima seguridad, pero no lo es. Adentro luce más como una escuela secundaria. Y lo es, al menos una parte de Crossroads, que alberga a 39 jóvenes entre los 14 y los 17 años, en su mayoría hispanos y afroamericanos.

Crossroads, en Brooklyn, es uno de los dos centros de detención juvenil de extrema seguridad en la ciudad de Nueva York, operados por la Administración de Servicios Infantiles (ACS). Horizons es el otro, ubicado en El Bronx.

De acuerdo con ACS, ambos centros generalmente están reservados para jóvenes que representan un mayor riesgo o han sido acusados de cometer delitos graves. A nivel estatal, el número de instalaciones juveniles llega a 31, entre Detención Segura y Detención no segura, lo cual ofrece un entorno menos restrictivo para los jóvenes de menor riesgo que tienen causas judiciales pendientes en el Tribunal de Familia.

Es imposible no sentir escalofríos al caminar por los pasillos del centro de detención Crossroads. Mientras otros jóvenes se preparan para comenzar un nuevo año escolar y planean sus aplicaciones para la universidad, otros menores en esta cárcel salen de sus celdas para recibir clases. Sin duda alguna, una alternativa menos peligrosa que la vida en las calles. Así lo cuentan ellos, en medio de una mesa redonda, en un salón de clases con mensajes alusivos a la libertad y con imágenes de líderes afroamericanos como Harriet Tubman, una activista que nació en la esclavitud, escapó y posteriormente realizó trece misiones para rescatar a aproximadamente setenta personas.

Los pasillos del centro de detención juvenil Crossroads hacen honor a líderes afroamericanos. Imágenes y mensajes de aliento abren conversaciones con internos. Foto: José Martínez

“Este verano me he leído varios libros. Recuerdo que leímos un libro sobre segregación”, dijo uno de los jóvenes, en medio de una conversación con Louis Watts, director ejecutivo de Crossroads. “Me gusta mucho leer y quiero seguir haciéndolo cuando salga de aquí”.

“He aprendido a sacar lo mejor de cada situación”, prosiguió el joven de 17 años, que estuvo involucrado con violencia pandillera, sentado junto a varios de sus compañeros. “Hay más cosas para mi por hacer y tener un cambio”, destacó el menor en medio de aplausos y un canto grupal: “Good job! Good job! G-o-o-d j-o-b!” (Buen trabajo, buen trabajo!).

Hispanos entre los jóvenes

La palabra pasó a otro lado del grupo. Un jóven hispano, de 16 años, sosteniendo un libro en sus manos narró como una pandilla le hizo bullying en la escuela, “solo por ser hispano”. En busca de prevenir más manotazos, quiso enfrentar a los pandilleros, pero terminó en problemas con la Policía.

“Había una pandilla en la escuela y ellos me atacaban porque pensaban que yo era parte de una pandilla mexicana, de donde yo soy, de Texas. Todo porque soy hispano”, recordó el joven, que al igual que sus compañeros internos, no puede ser identificado debido a una ley estatal que protege su identidad. Todos, aseguran, buscarán un mejor camino al salir del penitenciario.

Y esta es la idea principal que expresa el director Watts: una segunda oportunidad. Él asegura que su trabajo no es ser juez, “mi misión, nuestra misión es servirle a estos jóvenes y ayudarles a encontrar un sentido productivo a sus vidas”. Una idea que ha sido puesta en duda en los últimos años, debido a varios escándalos de abuso físico y sexual dentro de los centros de detención juveniles de la ciudad.

Louis Watts, director ejecutivo de Crossroads, recorre los pasillo del centro de detención que hace parte del plan de aumento de la edad en justicia juvenil “Raise the Age” a nivel estatal. Foto: José Martínez

En 2010 se conoció el caso de seis adolescentes que se encontraban internos en el Centro de Detención Highland, en Poughkeepsie, al norte del estado, quienes presentaron una demanda colectiva, en la que se acusaba a la prisión de someterlos a abusos físicos y de negarles los servicios de salud mental. Según un reporte de The New York Times, uno de ellos, identificado en documentos judiciales como L. B., amenazó con suicidarse pero nunca fue visto por un profesional de salud mental. Otro, S. S., recibió diagnósticos de trastornos conductuales múltiples y retraso mental leve, pero tampoco fue tratado. Un tercer residente, a quien se le dio un diagnóstico de retraso mental moderado, se contuvo físicamente al menos cinco veces, incluyendo un episodio en el que un trabajador golpeó su cabeza contra el piso.

Muestran una nueva cara

Sin embargo, en un esfuerzo por mostrar una nueva cara y en preparación al tan esperado momento en que se deba cumplir con el plazo para trasladar a todos los menores de Rikers Island a estos centros juveniles, especificamente a Horizons, en El Bronx, el comisionado de ACS, David Hansell caminó los mismos pasillos en los que mensajes de aliento se levantan a lado y lado.

David Hansell, comisionado de ACS recorre los pasillos del centro de detención juvenil Crossroads, en Brooklyn. Foto: José Martínez

“Los menores deben ser tratados como menores. Los jóvenes deben ser tratados como personas jóvenes”, recalcó Hansell, quien inspeccionó, junto a otros oficiales de la Ciudad, desde los salones de clase, hasta las habitaciones de los internos.

“Nosotros en Nueva York estamos en la cúspide de una de las reformas más progresistas y de mayor alcance en la justicia juvenil en décadas y eso es elevar la edad”, subrayó el Comisionado.

Jóvenes, no adultos

Una sala con paredes color blanco hueso se mezcla con puertas azul aguamarina, pero no el azul de un hotel. El color se asemeja más a un hospital, posiblemente al área psiquiátrica. Las sillas de plástico duro se ubican frente a un televisor completamente asegurado en una caja de vidrio. Alrededor pequeños cuartos con números crean la sensación de “comunidad”. Adentro, una cama individual, un escritorio y un tablero. Al fondo, una ventana “ciega”, con un vidrio ahumado, evaporizado. No hay forma de ver hacia el exterior.

Imagen de una de las salas residenciales donde internos del centro de detención juvenil Crossroads duermen, ven televisión y juegan. Foto: José Martínez

Así como este, hay seis pasillos en los que los menores se reúnen para ver televisión, jugar y dormir. Cada puerta tiene un botón que se pone en rojo cuando está sin asegurar, y en verde cuando está bajo seguridad. A poca distancia, un panorama muy distinto.

Un mural, pintado por los jóvenes en medio de su programa de verano, separa dos puertas de seguridad, del comedor a la escuela. Ahí, con la expectativa de ayudarles a tomar mejores decisiones, Especialistas de Desarrollo Juvenil (Youth Development Specialists) de ACS, junto a maestros, dividen su tiempo entre laboratorios de informática, clases de literatura y matemáticas.

Jóvenes internos en el centro de detención Crossroads pintaron este mural como parte de programa de verano. Foto: José Martínez.

“Este es un ambiente distinto al que la vida los ha puesto en la calle y sabemos que pueden dar más si reciben el apoyo necesario mientras pagan por los delitos que cometieron”, dijo Jerome Hallow, Especialistas de Desarrollo Juvenil.

Traslados de Rikers Island

La Alcaldía informó a principos de agosto del traslado de 90 menores que se encuentran en Rikers Island al centro de detención Horizons, en El Bronx. Sin embargo, oficiales de ACS no confirmaron si habrá una relocalización de otros jóvenes a Crossroads.

“Estamos analizando un plan para decidir lo que sea mejor para los jóvenes, tanto los que llegan de Rikers, como los que están en Horizons y Crossroads”, dijo Dean Fuleihan, primer vicealcalde de la ciudad de Nueva York.

Los traslados llegan en medio del cambio en el sistema de justicia juvenil, que, a partir de abril de 2017, bajo una ley que convirtió a Nueva York en el estado número 49 en reconocer que los jóvenes de 16 y 17 no deberían considerarse automáticamente adultos, obliga a la Ciudad a sacar a estos menores de Rikers Island y ubicarlos en centros de detención juvenil. La fecha límite para el traslado es el primero de octubre.

Menores recluidos:

  • 1,754 jóvenes han sido admitidos al sistema de detención juvenil en el último año fiscal, de acuerdo con ACS.
  • 44% del total de esos jóvenes tienen 15 años.
  • 78% del total son varones y el 22% hembras.
  • 65% son afroamericanos.
  • 29.1% son hispanos.
  • 2.6% blancos.
  • 1.7% son asiáticos.