La directa relación entre el excesivo consumo de azúcar y el cáncer

La glucosa es el combustible básico que alimenta todas y cada una de nuestras células, sin embargo los productos ultraprocesados ricos en azúcares refinados son el peor enemigo de la salud. Son causa directa de la inflamación crónica y de la obesidad, ambas condiciones aumentan el riesgo de 13 tipos diferentes de cáncer

El cerebro y cuerpo necesitan de igual manera de la glucosa para funcionar, es su principal fuente de energía. Sin embargo no todos los tipos de azúcar son iguales.
El cerebro y cuerpo necesitan de igual manera de la glucosa para funcionar, es su principal fuente de energía. Sin embargo no todos los tipos de azúcar son iguales.
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No existen dudas el excesivo consumo de azúcar es uno de los hábitos alimenticios más dañinos en la sociedad moderna, de tal modo que no es ningún secreto decir que se relaciona con graves afectaciones en la salud general y el peso corporal. Finalmente seguir una dieta rica en alimentos ultraprocesados, es la llave de todo tipo de enfermedades crónicas, con base en ello en los últimos años mucho se ha hablado sobre la directa relación del excesivo consumo de azúcar con el cáncer. Lo cierto es que existe mucha información y mitos al respecto, la buena noticia es que actualmente contamos con referencias científicas serias que son de gran ayuda para poner las cosas en una clara perspectiva.

Primero lo primero: antes de analizar los efectos de una dieta rica en azúcar con un mayor riesgo de padecer cáncer, es importante decir que nuestro cuerpo necesita del azúcar para funcionar. Es bien sabido que la glucosa es el único azúcar que alimenta al cerebro y es por ello su principal fuente de energía, de hecho en los seres humanos el cerebro requiere aproximadamente el 20% de la energía derivada de la glucosa. Sin embargo, la glucosa también es la fuente más importante de energía del cuerpo, la cual se pone en marcha con el proceso de digestión. A lo largo del tubo digestivo, se ponen en marcha una cadena de transformaciones químicas las cuales convierten a los alimentos en nutrientes y estos en elementos más pequeños. Posteriormente la sangre se encarga de transportar la glucosa al hígado (glucosa de reserva), al cerebro y a todas las células del cuerpo.

Resulta muy relevante empezar a entender que el azúcar se presenta en formas muy diferentes. La forma más simple es como una sola molécula, como glucosa y fructosa, estas moléculas de azúcares simples también pueden unirse, ya sea en pares o como cadenas de moléculas más largas. Cabe mencionar que todas estas combinaciones de moléculas son carbohidratos y son la principal fuente de energía de nuestro cuerpo.

Ahora bien, la forma de azúcar con la que la mayoría de nosotros estamos familiarizados es el azúcar de mesa, que es un azúcar simple que se disuelve en agua y le da a las cosas un sabor dulce. Su nombre propio es sacarosa y está formado por cristales de glucosa y fructosa. El azúcar de mesa se refina, lo que significa que se ha procesado para extraerlo de una fuente natural (generalmente remolacha azucarera). Además, existen ciertos alimentos no procesados que ​​también pueden tener un alto contenido de azúcares simples, por ejemplo: la miel (también hecha principalmente de glucosa y fructosa) es casi azúcar pura y la fruta. A medida que las cadenas de azúcar se alargan, pierden su sabor dulce y ya no se disuelven en agua. Estas cadenas se denominan polisacáridos y forman un gran componente de los alimentos con almidón, de tal modo que es muy probable que los alimentos con almidón más comunes como el arroz, el pan, la pasta y las verduras como la papa y el camote no tengan un sabor dulce, pero sí tendrán un alto contenido de carbohidratos.

Por lo tanto, no es ningún secreto decir que el azúcar de alguna forma u otra se encuentra en muchos de los alimentos que consumimos. Y esto es bueno ya que nuestro cuerpo depende de ello para funcionar correctamente, finalmente todas las células necesitan energía para sobrevivir y realizar sus más básicas funciones. De alguna manera, las células necesitan convertir los nutrientes de nuestra dieta en una forma de energía que puedan usar, llamada ATP.

Para entender su relación con el cáncer, es importante saber que la glucosa es el combustible básico que alimenta todas y cada una de nuestras células. Si comemos o bebemos cosas con alto contenido de glucosa, como sucede con los dulces y los refrescos, la glucosa se absorberá directamente en la sangre y estará lista mucho más rápido para que la usen nuestras células. Al comer alimentos ricos en almidón como la pasta, las enzimas de la saliva y los jugos digestivos los descompondrán para convertirlos en glucosa, es por ello que cuando no hay carbohidratos en nuestra dieta, las células pueden convertir la grasa y la proteína en glucosa como último recurso, porque necesitan glucosa para sobrevivir. De hecho es justo aquí donde el azúcar y el cáncer comienzan a chocar ¿La razón? El cáncer es una enfermedad de las células.

Sobre el azúcar y el cáncer:

Las células cancerosas generalmente crecen rápidamente, multiplicándose a un ritmo rápido, este es un proceso que requiere de mucha energía. Esto significa que en principio necesitan mucha glucosa, aunque también necesitan de muchos otros nutrientes, como es el caso de los aminoácidos y grasas; no es solo azúcar lo que anhelan.

Con base en ello surgió el mito sobre cómo un alto consumo de azúcar es un hábito que alimenta el cáncer. Sin embargo es mucho más complejo, si bien las células cancerosas necesitan mucha glucosa, todas nuestras células sanas también necesitan glucosa. Por lo tanto no hay forma de decirle a nuestros cuerpos que permitan que las células sanas tengan la glucosa que necesitan, pero que no se la den a las células cancerosas. Además se ha comprobado que seguir dietas severamente restringidas en carbohidratos, suele relacionarse con daños en la salud a largo plazo. Finalmente es un estilo de alimentación que conduce a que se eliminen la mayorías de los alimentos que son ricos en fibra. Además es bien sabido que los pacientes con cáncer deben de tener una estricta supervisión profesional en su dieta, ya que algunos tratamientos suelen resultar en la pérdida de peso y ponen al cuerpo en estado de estrés extremo. Por lo tanto, la mala nutrición de las dietas restrictivas también podría obstaculizar la recuperación o incluso poner en peligro la vida.

Lo que sí se ha comprobado es que un alto consumo de alimentos ultraprocesados y por lo tanto un excesivo consumo de azúcares refinados, se relaciona con devastadores efectos secundarios, que en muchos casos no suelen ser inmediatos y lo peor es que se acumulan con los años. Y con ello surge la aparición de todo tipo de enfermedades crónicas, como sucede directamente con ciertos tipos de cáncer. Así que el tipo de azúcar que consumimos y el paso del tiempo, son factores que sí influyen. 

Por otra parte después de un constante y excesivo consumo de azúcar, una de las principales consecuencias es el aumento de peso y se cuenta con evidencia científica sólida muestra que tener sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de 13 tipos diferentes de cáncer. De hecho, la obesidad es la principal causa prevenible de cáncer después de fumar, sobre la cual hemos escrito muchas veces antes. Complementario a ello un reciente estudio publicado en 2019, llega con nuevos hallazgos al respecto: los investigadores encontraron que las personas que beben regularmente bebidas azucaradas tienen un riesgo mayor de cáncer, independientemente del peso corporal.

Por lo tanto la conclusión es contundente: evitar el excesivo consumo de las peores fuentes de azúcar (refinadas y procesadas), es el camino a la buena salud y es clave en la prevención de todo tipo de enfermedades crónicas. Finalmente el exceso de azúcar es la principal causa de inflamación crónica y obesidad, aumenta el riesgo de desarrollar síndrome metabólico, daña las células y se deriva en estrés oxidativo. Hoy sabemos que la suma de todos estos factores, es lo que verdaderamente incrementa el riesgo de padecer cáncer, finalmente lo que comemos y la suma de nuestros hábitos cotidianos ¡Sí marcan la diferencia! 

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