Cáncer de ovario: cómo ayudan las propiedades anticancerígenas de los vegetales crucíferos

La calidad de la nutrición es un factor indispensable en la prevención del cáncer de ovario. Investigadores de Roswell Park, descubrieron que aquellas mujeres que consumen 10 porciones de vegetales crucíferos al mes especialmente coliflor, col rizada, brócoli, col y berza cocidas, presentaban un riesgo significativamente menor de cáncer de ovario

Los vegetales crucíferos brillan por sus poderosos antioxidantes, vitaminas, minerales y fibra que benefician la salud, ayudan a combatir enfermedades y promueven un peso saludable.
Los vegetales crucíferos brillan por sus poderosos antioxidantes, vitaminas, minerales y fibra que benefician la salud, ayudan a combatir enfermedades y promueven un peso saludable.
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Es bien sabido que la nutrición tiene una estrecha conexión con la prevención del cáncer. Por fortuna la ciencia cada día encuentra más vínculos entre el consumo de ciertos alimentos y la prevención del cáncer, tal es el caso específico de las poderosas propiedades anticancerígenas que aportan los vegetales crucíferos. Un equipo de investigadores de Roswell Park, les ha dado a las mujeres de todo el mundo otra buena razón para comer este tipo de verduras. El estudio fue publicado en la revista Nutrition and Cancer, en el cual comprobaron que las mujeres que consumen más vegetales crucíferos tienen un riesgo reducido de desarrollar cáncer de ovario, una enfermedad relativamente rara pero a menudo mortal.

De acuerdo con datos actualizados de la Sociedad Americana Contra el Cáncer, en este 2021 en Estados Unidos alrededor de 21,410 mujeres recibirán un nuevo diagnóstico de cáncer de ovario y cerca de13,770 mujeres morirán de cáncer de ovario. El cáncer de ovario ocupa el quinto lugar como causa de fallecimientos por cáncer entre las mujeres y es el responsable de más fallecimientos que cualquier otro cáncer del sistema reproductor femenino.

El cáncer de ovario en estadio temprano rara vez causa síntomas y el mayor problema es que cuando se presentan suelen ser poco específicos y tienden a confundirse con afecciones benignas más frecuentes. Entre los principales se encuentran: hinchazón o inflamación abdominal, sensación de saciedad rápida al comer, adelgazamiento, molestias en la zona de la pelvis, cambios en los hábitos intestinales (como estreñimiento y diarrea) y necesidad frecuente de orinar.

Si bien el seguimiento médico y las revisiones de rutina son fundamentales en toda mujer, la alimentación es un factor fundamental en la prevención y el buen control. Y así lo comprobó el estudio mencionado, el cual surgió hace unos años como iniciativa de una estudiante de secundaria de Nueva York con mentalidad científica; Hallie McManus, quien decidió unirse a la búsqueda de formas de prevenir esta enfermedad mortal. Con la idea inicial de los beneficios que una dieta rica en vegetales podría ofrecer como protección contra el cáncer de ovario y otros tipos de cáncer, Hallie se acercó a Susan McCann, profesora de Oncología en el Departamento de Prevención y Control del Cáncer del Roswell Park Comprehensive Cancer Institute, para ver si ella actuaría como mentora del estudio.

Impresionada por el impulso y la determinación de Hallie, la Dra. McCann la animó a unirse al Programa de Experiencia de Investigación del Cáncer de Verano de Roswell Park, creado para estudiantes de secundaria. Al unirse tuvo al oportunidad de colaborar con otros investigadores del Departamento de Prevención y Control del Cáncer, y se dieron a la tarea de analizar datos del Sistema de Datos de Epidemiología del Paciente (PEDS), un archivo bastante relevante con información sobre los pacientes con sospecha de cáncer que acudieron a Roswell Park para una evaluación adicional entre 1981 y 1998.

¿En qué consistió el estudio? Se pidió a todos los pacientes que completaran una encuesta con 44 preguntas sobre su dieta, incluida la frecuencia con la que comían verduras crucíferas (como brócoli, coliflor, repollo y col rizada). Entre los pacientes que completaron y devolvieron el cuestionario de frecuencia alimentaria, el equipo seleccionó a 675 mujeres a las que se les diagnosticó cáncer de ovario y a 1275 mujeres a las que se les diagnosticó una afección benigna (no cancerosa). Luego, los investigadores compararon la dieta y la ingesta de vegetales crucíferos en los pocos años antes del diagnóstico entre estos dos grupos de mujeres, que fueron emparejadas por variables tan importantes como la edad y el historial reproductivo.

Los hallazgos fueron de lo más relevantes, el equipo encontró que las mujeres que comían muchas verduras crucíferas, especialmente coliflor cocida y verduras cocidas (como col rizada, brócoli, col y berza), tenían un riesgo menor de cáncer de ovario. Lo que es más impresionante es que las mujeres que comían la mayor cantidad de verduras tenían las probabilidades más bajas de cáncer de ovario, y la reducción del riesgo pareció mejorar con cada 10 porciones de verduras crucíferas consumidas al mes. Las mujeres que comían más verduras de cualquier tipo tenían un 40% menos de riesgo de cáncer de ovario.

Como dato al margen, las verduras crucíferas pertenecen a la familia Cruciferae, que son plantas de clima fresco y brillan por su poder nutricional que se destaca por su alto contenido en importantes carotenoides (betacaroteno, luteína, zeaxantina),  vitaminas C, E y K, ácido fólico y minerales. También son una buena fuente de fibra. Los investigadores creen que su poder antioxidante se relaciona directamente con sus beneficios contra el cáncer de ovario. Además, las plantas crucíferas contienen un grupo de sustancias llamadas glucosinolatos, que son componentes químicos con azufre. Estas sustancias químicas son las responsables del aroma penetrante y el sabor amargo de las plantas crucíferas y también se relacionan con su gran potencial medicinal.

Durante la preparación de las comidas, al masticar y en la digestión, los glucosinolatos de las plantas crucíferas se descomponen para formar compuestos biológicos activos como es el caso de indoles, nitrilos, tiocianatos e isotiocianatos. Cabe mencionar que de manera específica el indol-3-carbinol y el sulforafano, se han estudiado muy frecuentemente por sus efectos anticancerosos.

Entre los beneficios de estas sustancias que abundan en los vegetales crucíferos, para prevenir el cáncer se encuentran las siguientes cualidades:

– Ayudan a proteger las células de daños al ADN.

– Ayudan a desactivar carcinógenos.

– Tienen efectos antivíricos y antibacterianos.

– Tienen efectos antiinflamatorios.

– Inducen la muerte celular (apoptosis).

– Inhiben la formación de vasos sanguíneos tumorales (angiogénesis) y la migración de las células tumorales.

La buena noticia es que integrar el consumo de vegetales crucíferos en la dieta se asocia con una larga lista de beneficios para la salud, además de combatir varios tipos de cáncer. Se trata de vegetales sumamente nutritivos, de tal modo que fortalecen al sistema inmunológico y gracias a sus poderosos antioxidantes son un gran aliado para combatir a los radicales libres y con ello disminuyen el riesgo de numerosas enfermedades crónicas: obesidad, diabetes, hipertensión y afecciones cardíacas.

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