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Conmebol y AFA estaban dispuestos a jugar la Finalissima en Madrid

En un esfuerzo por salvar el duelo ante España, las autoridades sudamericanas aceptaron finalmente la propuesta de la UEFA

Workers prepare the field at the Santiago Bernabeu stadium ahead of an NFL game between the Miami Dolphins and Washington Commanders in Madrid, Spain, Friday, Nov. 14, 2025. (AP Photo/Steve Luciano)

El Santiago Bernabéu iba a ser sede de la Finalissima. Crédito: Steve Luciano | AP

La cancelación de la Finalíssima 2026 ha dejado un sabor amargo en el mundo del fútbol, pero también ha revelado la compleja partida de ajedrez diplomático que se jugó en los despachos durante las últimas semanas. Según un comunicado conjunto emitido este domingo por la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), las entidades americanas llegaron a cruzar su propia “línea roja”: aceptar Madrid como sede.

A pesar de que inicialmente se oponían a jugar en territorio español por la ventaja competitiva que esto suponía para la Roja, la voluntad de ver rodar el balón pesó más que la localía, aunque el esfuerzo fue en vano ante la rigidez del calendario europeo.

Originalmente, la Finalíssima debía celebrarse en el Estadio Lusail de Doha, Qatar. No obstante, la inestabilidad en Medio Oriente obligó a buscar una alternativa urgente. Fue en ese momento cuando la UEFA ejerció una “larga insistencia” para trasladar el evento al Estadio Santiago Bernabéu. La AFA, respaldada por la Conmebol, rechazó la propuesta en primera instancia, sugiriendo sedes neutrales como Roma o Lisboa, e incluso el Estadio Monumental en Buenos Aires.

Sin embargo, ante el riesgo de que el partido se suspendiera, el organismo presidido por Claudio ‘Chiqui’ Tapia dio el brazo a torcer y aceptó jugar en la capital española, priorizando el espectáculo deportivo sobre cualquier otra consideración estratégica.

Históricamente, la Finalíssima se concibió como un duelo en campo neutral (como el Wembley en 2022) para garantizar la equidad entre los campeones de la Copa América y la Eurocopa. Al aceptar el Santiago Bernabéu, Argentina estaba dispuesta a enfrentar a España en su propio patio, consciente de que el valor de medirse contra una de las mejores selecciones del mundo era superior al riesgo de la localía.

“Reiteramos en todo momento nuestra voluntad de disputar la Finalíssima y aceptamos la sede propuesta por la UEFA”, reza el comunicado sudamericano, subrayando que la pelota estaba del lado europeo para concretar el trato.

Una vez aceptada la sede de Madrid, el desacuerdo surgió con la fecha. La UEFA mantenía el 27 de marzo como inamovible, mientras que la AFA solicitó mover el encuentro al 31 de marzo. Esta prórroga de cuatro días era vital para la logística de la Albiceleste, permitiendo que sus jugadores pudieran recuperarse y llegar en plenitud de condiciones a un duelo de tal magnitud.

La negativa de la UEFA a aceptar el 31 de marzo resultó incomprensible para la Conmebol y la AFA. Tras haber cedido en el punto más polémico, las autoridades argentinas esperaban una reciprocidad que nunca llegó.

“Lamentablemente, no fue posible alcanzar un acuerdo final al no aceptarse la alternativa de fecha solicitada dado el poco tiempo disponible”, sentenciaron los organismos sudamericanos, evidenciando que la relación entre ambas confederaciones atraviesa un momento de frialdad técnica.

Por su parte, la UEFA defendió su postura asegurando que exploraron “varias alternativas viables” pero que resultaron inaceptables para la AFA. Lo cierto es que, tras la caída del acuerdo, el fútbol pierde su último gran clásico intercontinental antes de que inicie la cita máxima en junio.

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