Coney Island busca romper su tradición de destino de verano y atraer a visitantes durante todo el año
La esperanza está puesta en varios proyectos concebidos para transformar a la franja costera de Brooklyn en un destino con actividad económica permanente
El cubano Manuel Banderas ha sido testigo del auge y caída comercial del famoso balneario de Brooklyn. Crédito: Fernando Martínez | Impremedia
Cien días de calor para salvar el año. Esa es la apuesta y también la urgencia de los comerciantes de Coney Island ante el arranque de la temporada de verano 2026.
Aunque el calendario aún no marca oficialmente la llegada del verano, el emblemático vecindario costero ya depende de los próximos tres meses para sostener su economía, recuperar ventas y enfrentar una lenta recuperación post pandémica agravada por una inflación persistente que sigue golpeando los bolsillos de visitantes y pequeños negocios.
Para restaurantes, tiendas, operadores de atracciones y vendedores locales, no se trata solo de una temporada alta: es la ventana que puede definir el balance económico de todo el año.
Para los pequeños comerciantes locales, este fin de semana de Memorial Day es el inicio de una batalla por la supervivencia.
“Fíjate, no ha empezado el verano y esto ya está lleno de gente”, dice el cubano Manuel Banderas mientras mira el extenso bulevar que bordea el icónico balneario neoyorquino de Brooklyn. Con 18 años residiendo en esa zona costera, el antillano sabe que empieza una cuenta regresiva.
“Cuando llega el calor, revivimos. Cuando se va, empieza otra vida”, comenta.
Pero este año la temporada comienza con una expectativa distinta. A la tradicional dependencia del verano se suma ahora la esperanza puesta en varios proyectos municipales ya aprobados por la junta comunitaria, concebidos para transformar a Coney Island en un destino con actividad económica y atractivo comercial durante los doce meses del año.
El nuevo impulso llega después de que la comunidad rechazara la propuesta de un multimillonario casino como motor de desarrollo, inclinándose en cambio por una visión que apuesta por revitalizar la zona costera mediante entretenimiento, inversión urbana y negocios sostenibles que trasciendan la fugaz bonanza de esta temporada de calor.
Por ahora, en las próximas semanas, como ha pasado por décadas, el paseo marítimo se convierte en un río humano: familias de clase trabajadora, turistas locales, vendedores que abren temprano.
Por más que vendamos mucho por tres meses y medio, con la inflación y el aumento de la renta, esto ya no es tan rentable. Ya la gente no puede gastar lo mismo que antes. Es solo un oxígeno, pero para cubrir los gastos. Las ganancias son ridículas”
“Ya no es rentable”
En una tienda de artículos de playa, la vendedora ‘María’ acomoda lentes de sol y sombreros, como lo ha hecho en los últimos tres años.
“Esperemos que este año nos vaya igual o mejor que el año pasado. Honestamente el 2025 no estuvo mal. Ya este año hay signos de que vendrá mucha gente. Quizás porque tuvimos un invierno tan fuerte la gente anda como loca con ganas de exponerse al sol. No han abierto las playas oficialmente. Y esto ya está full”, comentó al inicio de la tercera semana de mayo.
Pero no todos leen el verano con optimismo. Un comerciante veterano que prefirió omitir su identidad, lo dice sin adornos: “por más que vendamos mucho por tres meses y medio, con la inflación y el aumento de la renta, esto ya no es tan rentable. Ya la gente no puede gastar lo mismo que antes. Es solo un oxígeno, pero para cubrir los gastos. Las ganancias son ridículas”, refiere.
Durante más de un siglo Coney Island ha sido el escape de la clase trabajadora de Nueva York: Luna Park, el Cyclone, el bulevar, algunas cadenas icónicas de comida rápida y el mar.
Este vecindario continúa siendo uno de los polos turísticos más visitados de la ciudad. Diversas estimaciones locales calculan que más de cinco millones de personas visitan anualmente el área, atraídos por la playa, el bulevar y eventos emblemáticos.

Hay proyectos: “vida todo el año”
En 2026 todos los análisis asocian a ese polo de turismo interno con una economía frágil, como parte de una realidad en donde todos los pequeños negocios de la Gran Manzana luchan por sobrevivir, inclusive en el centro de Manhattan.
En este escenario, Eddie Mark quien forma parte de la Junta Comunitaria de esa localidad defiende la idea de que hay proyectos urbanísticos que se están analizando que le darán más vitalidad a ese vecindario en el futuro todo el año.
“Muchos saben que si van fuera de la zona, a Nueva Jersey o Long Island, tienes que gastar tiempo y dinero. Aquí te montas en el Subway y ya estás en la playa. Y todo es gratis. Pero hay planes para dar vigor a la economía local no solo en verano. Los comerciantes que han apostado a esta zona por años merecen seguir creciendo”, indicó el residente de origen asiático.
En efecto, el plan estructural más ambicioso para Coney Island proviene del Departamento de Planificación (DCP) y de la Corporación de Desarrollo Económico (NYCEDC), dos agencias que han venido trabajando en una estrategia de largo plazo para reconfigurar el área histórica de atracciones y reducir su dependencia casi absoluta del ciclo estacional del verano.
La propuesta se centra en la transformación de aproximadamente 27 acres del núcleo de entretenimiento de Coney Island en un distrito de uso mixto orientado al ocio, la cultura y la actividad económica durante todo el año.
“Desde su famoso paseo marítimo, hasta la icónica Wonder Wheel, Cyclone y Parachute Jump, pasando por los bulliciosos pasillos a lo largo de las Avenidas Surf y Bowery, el estatus legendario de Coney Island como el parque de diversiones urbano más grande del mundo, vive en todos nuestros recuerdos. Pero con los años, esta área antes muy vibrante se ha reducido y deteriorado. Hoy se limita a una cuadra de entretenimientos estacionales y algunas entradas activas restantes a lo largo de Surf Avenue”, concluye textualmente el proyecto aprobado en su totalidad por la junta comunitaria.
En la práctica, las nuevas inversiones suponen un cambio profundo respecto al modelo tradicional del vecindario, históricamente diseñado para “encenderse” entre mayo y septiembre y entrar en una prolongada hibernación económica durante el invierno.
El rediseño urbano contempla la incorporación de nuevas atracciones bajo techo o con capacidad de operación en condiciones climáticas frías, una pieza clave para romper la lógica de estacionalidad que ha definido el área durante más de un siglo.
A esto se suma la expansión de locales comerciales, restaurantes y espacios de servicios que no dependan exclusivamente del flujo turístico de verano, sino que puedan sostener actividad constante incluso en los meses de menor afluencia.
La intención es que el distrito no sea únicamente un destino de atracciones mecánicas, sino un entorno urbano activo, con vida cultural sostenida más allá de la temporada alta.
Mientras la Ciudad durante décadas busca fórmulas para que Coney Island deje de depender exclusivamente del verano, no todas las soluciones han generado consenso.
El ejemplo más visible fue el fallido proyecto “The Coney”, un casino de $3 mil millones que prometía empleos y actividad económica permanente, pero que terminó naufragando entre temores sobre tráfico, criminalidad y la posible pérdida del carácter histórico del barrio.

La renta no espera
“Ningunos de estos planes son de la noche a la mañana. Eso podría significar años de trabajo. Mientras eso pasa habría que saber si muchos podríamos resistir al ritmo de los precios operativos que crecen cada vez más. Lo peor es la renta comercial. Quizás a muchos nos lleve la ola antes de que esos planes en apenas en papel avancen”, destacó otro comerciante consultado en las cercanías del Luna Park.
Mientras la Ciudad, el Concejo Municipal y líderes comunitarios dibujan el Coney Island del mañana, algunos comerciantes enfrentan la incertidumbre de saber si podrán mantener abiertas sus puertas hasta que esos planes se conviertan en realidad.
Las maquetas municipales hablan de revitalización masiva, complejos de entretenimiento de última generación y paseos marítimos renovados. Sin embargo, entre los comerciantes la conversación no es sobre el diseño urbano del futuro, sino sobre los números rojos del próximo mes.
Para quienes han visto pasar generaciones bajo las luces de neón de los icónicos parques, la brecha entre las promesas de la Ciudad y la supervivencia diaria es cada vez más alarmante. Como bien resumió a El Diario un comerciante de la zona: “el futuro suena prometedor, pero la renta vence todos los meses”.

Datos:
- 5 millones de visitantes anuales llegan al distrito de atracciones y playa de Coney Island, de acuerdo con diversas fuentes comunitarias y de planificación como el NYCEDC. La gran mayoría del movimiento turístico ocurre en verano.
- 54% de los viajes del sistema de transporte público hacia Coney Island se concentran entre mayo y septiembre, reflejando la fuerte dependencia económica de esta temporada.
- 100,000 personas promedio por día entre playa, bulevar y parque de atracciones en los días pico de verano, especialmente fines de semana y feriados.