¿Qué se espera de Rama Duwaji, la nueva primera dama de Nueva York que redefine el rol desde el arte y el activismo?
Este 1 de enero, asumirá su rol como primera dama de NYC, pero ha dejado claro que no abandonará su carrera artística ni su activismo político
Rama Duwaji ha dejado en claro que el ser primera dama de NYC es algo que no opaca su verdadera identidad. Crédito: Yuki Iwamura | AP
La llegada de Rama Duwaji a Gracie Mansion marca un punto de inflexión en la historia de Nueva York. A sus 28 años, esta ilustradora de ascendencia siria se convertirá este 1 de enero en la primera dama más joven de la ciudad en un siglo, acompañando a su esposo Zohran Mamdani, quien hará historia como el primer alcalde musulmán de la Gran Manzana.
Pero lo verdaderamente revolucionario no son solo los récords demográficos que rompen, sino la forma en que Duwaji está redefiniendo qué significa ocupar este rol tradicionalmente ceremonial.
Una primera dama que se resiste a ser solo “la esposa de”
En su primera entrevista extensa con New York Magazine, publicada tras meses de silencio durante la campaña electoral, Duwaji dejó claras sus frustraciones y sus intenciones. Su principal queja es reveladora: cuando alguien busca su nombre en Google, lo primero que aparece no es su trabajo como ilustradora ni las entrevistas sobre su arte, sino artículos titulados “¿Quién es la esposa de Zohran Mamdani?”.
“No estaba necesariamente ofendida, pero era más la percepción de ser vista como la esposa de alguien”, explicó la artista. “Estaba muy molesta porque ese artículo aparecía cuando buscabas mi nombre y no una entrevista que hice sobre mi arte, o mi trabajo, o las cosas que he hecho y los logros que he tenido como artista. Y ahora hay, como, un trillón de ellos”, declaró.
Esta tensión entre identidad personal y rol público no es nueva para las primeras damas, pero pocas la han articulado tan directamente antes de asumir el cargo. Duwaji ha demostrado que no está dispuesta a sacrificar su carrera en el altar de las expectativas tradicionales.
El arte como plataforma política
Lo que distingue a Duwaji de otras primeras damas es que llega al rol con una voz artística ya establecida y profundamente política. Su cuenta de Instagram, que ha acumulado más de 1.5 millones de seguidores, está repleta de delicadas ilustraciones en tinta que retratan mujeres árabes, el desplazamiento de refugiados y la devastación en Gaza. Sus obras han sido comisionadas por The New Yorker, Vogue y The Cut, estableciéndola como una artista respetada mucho antes de que su esposo entrara en la escena política municipal.
“Al final del día, no soy una política”, afirmó Duwaji con firmeza. “Estoy aquí para ser un sistema de apoyo para Z y para usar el rol de la mejor manera que pueda como artista”.
Esta declaración es estratégica y sincera a la vez. Duwaji ha encontrado una forma de aceptar el título de primera dama sin someterse completamente a sus convenciones. Su plan es utilizar la visibilidad que le otorga este puesto para amplificar las voces de otros creadores que luchan por sobrevivir en una ciudad cada vez más inasequible.
Un compromiso con los artistas emergentes
Uno de los aspectos más concretos de su visión como primera dama es su intención de convertirse en una defensora de los artistas desconocidos de Nueva York. “Hay tantos artistas tratando de triunfar en la ciudad, tantos artistas talentosos y desconocidos haciendo el trabajo sin validación instantánea, usando su último cheque de pago en materiales”, observó. “Creo que usar esta posición para destacarlos y darles una plataforma es una prioridad máxima”.
Esta no es retórica vacía. Duwaji comprende de primera mano las dificultades de construir una carrera artística en Nueva York. Ella y Mamdani vivían hasta hace poco en un apartamento de una habitación con renta estabilizada en Astoria, Queens, el tipo de vivienda asequible que se está volviendo cada vez más rara en la ciudad. Su compromiso de continuar trabajando como ilustradora mientras sirve como primera dama envía un mensaje poderoso sobre la viabilidad de mantener una carrera creativa.
El activismo que no se silenciará
Quizás el aspecto más controvertido y fascinante de Duwaji como primera dama será su activismo político franco. Mientras que tradicionalmente se esperaba que las primeras damas se mantuvieran en temas “seguros” como la educación infantil o el embellecimiento urbano, Duwaji ha dejado claro que no moderará sus posiciones.
“Hablar sobre Palestina, Siria, Sudán, todas estas cosas son realmente importantes para mí”, afirmó sin ambigüedades. “Siempre me mantengo al día con lo que está pasando, no solo aquí sino en otros lugares. Se siente falso hablar de cualquier otra cosa cuando eso es todo lo que está en mi mente, todo lo que quiero plasmar en papel”.
Esta franqueza sobre temas de política exterior, especialmente sobre Palestina, la coloca en un territorio donde pocas primeras damas se han aventurado. Su postura refleja y complementa las opiniones progresistas de su esposo, pero proviene de un lugar profundamente personal: su propia herencia siria y su conexión con comunidades en Medio Oriente.
Redefiniendo el papel desde la autenticidad
Lo que hace que Duwaji sea particularmente interesante es su negativa a fingir comodidad con aspectos del rol que genuinamente le incomodan. Cuando el reportero le mencionó que las mujeres están pidiendo a sus estilistas “el Rama” en referencia a su icónico corte pixie y look de cuello de tortuga negro, ella respondió con escepticismo genuino: “No sabía si eso era algo real”
Esta autenticidad se extiende a su ambivalencia sobre mudarse a Gracie Mansion. Después de tomar lo que el reportero describió como “un respiro desinflado”, admitió: “Estará bien. Estaré a una calle del Guggenheim y el Met. Será muy bonito simplemente explorar una nueva parte de la ciudad”.
No hay pretensión de entusiasmo artificial, solo una aceptación pragmática de una nueva realidad.
¿Qué podemos esperar?
Si el pasado es prólogo, podemos esperar que Rama Duwaji sea una primera dama que desafía las expectativas en cada momento. No organizará tés elegantes sin propósito ni cortará cintas sin cuestionar para qué sirve el edificio. En cambio, probablemente veremos exposiciones de arte en Gracie Mansion que presenten a creadores desconocidos, conversaciones francas sobre justicia social en Medio Oriente, y una insistencia constante en que ser primera dama no significa dejar de ser uno mismo.
Como observó Lisa Burns, profesora de estudios de medios de comunicación en la Universidad de Quinnipiac: “Está redefiniendo lo que significa ser primera dama al mantenerse fiel a su identidad en lugar de asumir un papel ceremonial”.
En una ciudad que se enorgullece de su diversidad y su vanguardia cultural, Duwaji representa algo nuevo: una primera dama de la Generación Z que se niega a elegir entre su identidad como artista y su rol como compañera del alcalde. Su experimento de fusionar ambos mundos será observado de cerca, no solo por Nueva York, sino por cualquiera que se pregunte si es posible ocupar roles tradicionales de maneras radicalmente nuevas.
El 1 de enero marca el comienzo no solo de una nueva administración municipal, sino de una redefinición en tiempo real de lo que una primera dama puede ser cuando se niega a ser simplemente “la esposa de”.
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