3 mitos del huevo que la ciencia alimentaria desmiente (y que tú aún sigues creyendo)
Ni ultraprocesados ni dañinos: 3 verdades sobre el huevo que cambiarán tu dieta. Descubre por qué el problema no es el huevo, sino cómo lo acompañas
El huevo no es el enemigo de tu corazón. La evidencia científica demuestra que el riesgo cardiovascular proviene más de las grasas trans y los acompañantes procesados que del huevo en sí. Crédito: Shutterstock
El huevo es una de las fuentes de proteína más económicas y completas que existen. Sin embargo, persisten ciertos mitos que pueden limitar su consumo o provocar un mal manejo en la cocina. Recientemente, una ingeniera en alimentos confirmó tres verdades fundamentales sobre los huevos con base científica, despejando dudas comunes.
La experta en seguridad alimentaria, Mariana Zapién, publicó un video en sus plataformas digitales donde educa a la audiencia sobre la diferencia entre un “alimento real procesado” (como las claras envasadas) y un “alimento ultraprocesado”. Esta distinción es vital, ya que permite al consumidor tomar decisiones informadas y ampliar sus opciones nutricionales.

1. ¿Las claras de huevo envasadas son “falsas”?

Existe la creencia de que este producto es artificial, pero nada más alejado de la realidad. No son claras fabricadas; son huevos reales separados con tecnología de precisión. Según explica la ingeniera, cada huevo es seccionado y retirado de su yema antes de convertirse en clara líquida, manteniendo su integridad nutricional intacta.
El procesamiento de las claras utiliza tecnología de punta que ayuda en el filtrado y separación, garantizando la calidad del producto y la seguridad para los consumidores.
2. El mito de los conservadores en las claras
Otro mito que se cae es que las claras envasadas contienen aditivos químicos. Lo cierto es que estas se someten a la pasteurización, un proceso que utiliza calor controlado para eliminar microorganismos patógenos, como la salmonela, sin llegar a cocinar la proteína.
Este método de conservación física es lo que permite que el producto dure mucho más tiempo de forma segura, sin necesidad de añadir conservantes o químicos artificiales.
3. El huevo y el colesterol: ¿Un riesgo real?

Aunque durante mucho tiempo se asoció el consumo de huevo con el aumento del colesterol en sangre, la evidencia científica actual ha comprobado que este valor depende más de un patrón alimentario general que del alimento en sí. El riesgo real proviene del consumo de grasas trans y grasas saturadas, más que del colesterol dietético que contiene un huevo.
La experta recuerda que, en la mayoría de las personas, el impacto de comer huevo es mucho menor que el de una dieta alta en procesados. Esto se debe a que la mayor parte del colesterol en el cuerpo no proviene directamente de los alimentos, sino que es producido por el hígado.
Especialistas en nutrición advierten que el problema no es el huevo, sino su método de cocción (por ejemplo, frito en abundante aceite) y sus acompañantes tradicionales (tocino, harinas refinadas o mantequilla). Son estos elementos los que realmente disparan el riesgo cardiovascular.
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