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Despliegue militar de EE.UU. en Puerto Rico demuestra la falta de autonomía del territorio, asegura experto

Movilización militar en medio de la disputa entre EE.UU. y Venezuela demuestra su “importancia estratégica”, pero evidencia el control federal sobre la isla

Aviones de combate F-35 en Ceiba, Puerto Rico

Foto del 3 de enero que muestra aviones de combate F-35 estadounidenses estacionados en la pista de aterrizaje del aeropuerto José Aponte de la Torre en Ceiba, Puerto Rico, mientras personal militar camina por la zona. Crédito: Alejandro Granadillo | AP

NUEVA YORK – El aumento “significativo” en el despliegue militar en Puerto Rico demuestra su “importancia estratégica” en términos de seguridad nacional, pero también es evidencia de la pérdida de autonomía que continúa experimentando el territorio bajo Estados Unidos.

Así lo afirmó en entrevista con El Diario, el profesor Waldemar Arroyo-Rojas, experto en relaciones internacionales y geopolítica al hacer un balance sobre el papel que juega la isla para EE.UU. en la coyuntura del arresto del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Para sostener su punto, el educador de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Mayagüez recordó precedentes como la imposición en el 2016 de la Ley PROMESA (Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica) y la Junta de Control Fiscal (FOMBPR).

“No solo hay una remilitarización, sino que desde finales de los años 2000, Puerto Rico, en su relación con EE.UU. ha venido perdiendo autonomía. Sabemos sobre la Ley PROMESA y demás. La Ley PROMESA dio al traste con cualquier autonomía que ya de por sí que el Estado Libre Asociado (ELA) tenía, porque ahora Puerto Rico no puede ni siquiera decidir su presupuesto; eso lo decide la Junta de Control Fiscal, y la Junta de Control Fiscal no es otra cosa que el Congreso (de EE.UU.)…La Junta es un instrumento del Congreso estadounidense, así que en última instancia quien está gobernando a Puerto Rico en gran medida es el Congreso estadounidense de forma indirecta. Con esta situación, la autonomía de Puerto Rico, lo poco que queda, muchísima menos autonomía va a tener”, expuso el académico.

El despliegue militar en la isla en medio de la tensión entre EE.UU. y Venezuela inició a finales de agosto con la movilización de miembros de la 22a Unidad Expedicionaria Marina (MEU) para labores de entrenamiento anfibio y vuelos en el sur de Puerto Rico.

Este martes, a menos de una semana del arresto de Maduro y su esposa Cilia Flores en Caracas ordenado por la Administración Trump, la Autoridad de los Puertos informó que la Marina de Guerra estadounidense está alquilando parte de las instalaciones del aeropuerto Mercedita, en Ponce.

El aeródromo no es la única instalación que están utilizando las autoridades militares estadounidenses para adelantar sus intereses económicos y políticos en la región. La antigua estación naval de Roosevelt Roads, en Ceiba, y el Aeropuerto Internacional Rafael Hernández, en lo que era la base Ramey, en Aguadilla, también le sirven al gobierno de EE.UU.

En el caso de Ceiba, los militares arreglaron la pista del Aeropuerto José Aponte de la Torre, y manejan la torre de control del espacio.

Arroyo-Rojas puso en duda la teoría de que lo que muchos identifican como una “remilitarización” de Puerto Rico se traduzca en desarrollo económico.

A su juicio, la mejor manera de impulsar la economía es a través de la restauración de las antiguas bases y zonas aledañas para propósitos turísticos y comerciales.

“Yo creo que a corto plazo puede ser que algunos sectores se beneficien, particularmente, allí donde están las bases que EE.UU. ha vuelto a utilizar como Roosevelt Roads en Ceiba; un poco más limitadamente Aguadilla. Pero no creo que el impacto sea significativo. No sabemos a largo plazo cómo se va a traducir esa presencia, si es algo momentáneo, puntual…No hay indicios de que va a ser permanente tampoco”, planteó el científico social.

Para el estudioso, el aumento en la presencia militar no incentivará el turismo, ya que entre otras cosas, estos lugares y las áreas cercanas se verían afectadas debido a restricciones de seguridad.

“Sobre todo, en Ceiba y también Aguadillla, estamos hablando de dos antiguas bases que tienen un inmenso potencial económico que, lamentablemente, en Puerto Rico no lo hemos utilizado. Ceiba tiene un potencial tremendo porque es un territorio muy amplio. Hace años que se viene hablando, desde que se cerró la base en la época de (George W.) Bush, de que allí se pueden desarrollar hoteles, empresas de manufactura; incluso, hay un plan que no sé en qué va a quedar eso ahora para desarrollar la industria aeroespacial en Ceiba…Eso sí es desarrollo económico”, contrastó.

A preguntas sobre si prevé que más soldados boricuas sean activados como parte de la nueva logística de EE.UU. en Venezuela, dijo que es posible. “Eso siempre es una posibilidad, y más si va a haber operaciones en América Latina. A mí no me extrañaría. Yo no lo puedo asegurar, pero a mí no me extrañaría que utilicen batallones o regimientos de soldados puertorriqueños o de la Guardia Nacional, porque de hecho cuando EE.UU. tuvo presencia militar en Panamá, que tenía como 10 bases en la zona del canal, y EE.UU. estuvo en Panamá casi 100 años, fueron 97 años. Muchos de los soldados allí eran puertorriqueños. EE.UU. llevó a muchos puertorriqueños por la afinidad cultural y lingüística…”, resaltó.

En respuesta al operativo militar en Venezuela el 3 de diciembre, la Administración Federal de Aviación (FAA) restringió el espacio aéreo en Puerto Rico para las aerolíneas comerciales estadounidenses. La pausa afectó cientos de vuelos, no solo en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, en la zona metropolitana, sino en los de Aguadilla y Mercedita.

La alteración fue dejada sin efecto al día siguiente, aunque el impacto en cadena de los retrasos y los cambios de itinerario para los pasajeros se extendió por días.

“Ya hemos visto restricciones en las comunicaciones aéreas. Quizás el impacto mayor pudiera ser en zonas cercanas (a bases). Entiendo que en Aguadilla, durante la operación del 3 de enero, hubo unas restricciones al ingreso por lo menos a algunas zonas de la base Ramey…”, añadió Arroyo-Rojas sobre ese particular.

Por otro lado, el profesor catalogó como “puro sensacionalismo” las especulaciones de que, en caso de que acreciente la tensión entre EE.UU. y Venezuela, Puerto Rico puede ser objeto de algún ataque.

“No, yo creo que eso es puro sensacionalismo. Puerto Rico, según las palabras del Tribunal Supremo de EE.UU., Puerto Rico no es parte de EE.UU., pero pertenece a EE.UU., y cualquier ataque contra Puerto Rico sería respondido por EE.UU., pero de una forma contundente, y eso lo saben perfectamente Venezuela, Cuba o cualquier otro que se le ocurra. EE.UU. lo va a interpretar como un ataque contra ellos, y, sobre todo, estando Trump allí, sería una locura hacer eso. Lo otro es que yo creo que nadie en las Américas tiene capacidad. La Fuerza Aérea de Venezuela no pudo ni siquiera responder al ataque de EE.UU….”, consideró el egresado de la Universidad Complutense de Madrid, University of Virginia y Vassar College.

Sobre la historia de la isla en el organigrama geopolítico y militar estadounidense, el profesor explicó que el territorio ha sido clave desde que el país del norte la invadió en el 1898.

Puerto Rico siempre tuvo una función importante en la visión geoestratégica de EE.UU. desde que EE.UU. empezó a ejercer soberanía sobre Puerto Rico en el 1898, y sobre todo en la Guerra Fría, desde finales de los 1940 en adelante, porque entonces EE.UU. estaba en este conflicto con la Unión Soviética y su prioridad era luchar contra regímenes izquierdistas que se pudieran alinear con los soviéticos. En ese aspecto, Puerto Rico tuvo un papel importante a través de la Base Roosevelt Roads y otras más”, recordó el estudioso.

En ese sentido, Arroyo- Rojas destacó que Puerto Rico tuvo un rol esencial, por ejemplo, en las acciones que se tradujeron en el golpe de estado contra el presidente brasileño João Goulart en 1964.

“Desde Puerto Rico se llevaron a cabo operaciones de la Guerra Fría. Incluso, golpes de estados, como el golpe de estado que la CIA (Agencia Central de Inteligencia) promovió en Brasil contra el presidente João Goulart en 1964. Se sabe que eso se organizó desde Puerto Rico”, indicó el también exsecretario del Departamento de Estado.

Luego de que masivas protestas llevaran a la salida de la Marina de Vieques en el 2003, la presencia militar en Puerto Rico disminuyó. Como resultado de lo anterior, la Base Naval Roosevelt Roads perdió valor estratégico y fue clausurada un año después.

“Eso (la presencia mínima militar) se mantuvo en la presidencia de (George W.) Bush, se mantuvo luego en la presidencia de Barack Obama; incluso en la primera presidencia de Trump… y también bajo (Joe) Biden, así que daba la impresión de que Puerto Rico había perdido esa importancia. Sin embargo, (Donald) Trump parte dos trae una visión distinta en las relaciones internacionales a las que tuvo en su primer término…”, comparó.

El especialista catalogó la visión ideológica del presidente como una de tipo “aislacionista” enfocada en el Hemisferio Occidental.

Bajo ese enfoque de política exterior, un Estado se concentra en sus asuntos internos y limita sus interacciones con actores internacionales. “Trae una visión muy ideológica que es la del aislacionismo del siglo 19 de que Estados Unidos no tiene por qué vincularse en los asuntos mundiales fuera del Hemisferio Occidental, pero dentro del Hemisferio Occidental, sí, ‘porque este es nuestro traspatio’”, expuso.

Trump y la “Doctrina Monroe”

Arroyo-Rojas es de los que cree que Trump busca “resucitar” lo que se conoció como la “Doctrina Monroe”, opuesta a la colonización europea y a la intervención de potencias de ese continente en el Hemisferio Occidental con el fin ulterior de afianzar la hegemonía estadounidense.

“De hecho, él está hablando de resucitar la Doctrina Monroe, que estableció EE.UU. a principios del siglo 19, según la cual EE.UU. planteaba que ninguna potencia europea tenía derecho a tener permanencia en este continente, y que EE.UU. era el único que podía custodiar el continente. Lo estamos viendo con EE.UU. ahora mismo tratando de establecer su soberanía sobre Groenlandia, que aunque está bajo soberanía de Dinamarca, un país europeo, geográficamente está en América del Norte. Trump también amenazó con tomar el Canal de Panamá; ya intervino en Venezuela y tiene amenazados a Colombia y a México”, mencionó.

Sobre las razones específicas de la intervención de EE.UU. en Venezuela, el investigador señaló que la Administración Trump también busca enviar un mensaje a países como China y Rusia.

“Otro temor de Trump y sus asesores es el avance de la influencia china y rusa en el continente americano. China ha venido, sobre todo desde el año 2000, incrementando muy significativamente su presencia en las Américas, particularmente, económicamente hablando. Por ejemplo, construyeron un megapuerto en Perú. Unas compañías chinas administran gran parte del Canal de Panamá. China, en casi todos los países de Latinoamérica, tiene una serie de proyectos que preocupan a EE.UU. por el acceso a los recursos naturales de América Latina. Entonces, esto también es un mensaje a China y Rusia…, y dejarles claro que esto no se va a permitir”, analizó.

El académico consideró que, para evitar cuestionamientos de ilegalidad como los que esbozan diversos sectores, el gobierno de EE.UU. debió enfocar esfuerzos para remover a Maduro a través de una operación multinacional por medio, por ejemplo, de organismos como la OEA (Organización de Estados Americanos).

“Lo mejor hubiera sido buscar un consenso internacional. Claro, ese no es el estilo de Trump. Trump tiene una visión unilateral de que EE.UU. hace lo que tenga que hacer sin consultar con nadie. El problema con eso es que le resta legitimidad a la operación y tiene un efecto contraproducente porque puede fortalecer el argumento de los que plantean que esto no es legítimo. Haber coordinado esto con los socios latinoamericanos y los europeos hubiera sido lo mejor”, sostuvo.

Sobre el proceso de transición en el país sudamericano, Arroyo-Rojas dijo que “una cosa es la euforia del momento y luego viene la parte difícil”.

Yo creo que el apoyo a Maduro y todo ese proyecto del chavismo ha caído estrepitosamente dentro de Venezuela. Quizás no se manifieste tanto porque la gente está intimidada, saben que el Gobierno tiene un organismo represivo. Es mucho más fácil manifestarse y hacer política desde afuera desde la comodidad de otro país que estando allí adentro que la principal preocupación de uno es cómo alimenta a su familia”, reflexionó.

Sin embargo, el educador apostó a que serán los miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) los que finalmente determinen el rumbo que tome el país.

Los militares, aparentemente, en los niveles medios y bajos parece que hay mucha disidencia y oposición a Maduro, pero en los niveles altos están controlados por el régimen. La información que ha surgido es que EE.UU. ha tenido muchos contactos con militares, y que la respuesta de ellos es, ‘sí, estamos en contra, pero no vamos a actuar hasta ver qué es lo que EE.UU. va a hacer’”, puntualizó el entrevistado.

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