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Frío extremo podría reducir la población de ratas en Nueva York: expertos prevén menos roedores esta primavera

El clima extremo reduce nacimientos y provoca muertes de estos animales, mientras la ciudad refuerza contenedores sellados para limitar el acceso a la basura

Rata nieve

¿Simple percepción o sí existe una razón científica para que haya menos ratas en NYC? Crédito: Shutterstock

Durante las últimas semanas, muchos neoyorquinos han pasado más tiempo refugiados en casa que explorando restaurantes o paseando por sus vecindarios. Las temperaturas bajo cero, las aceras cubiertas de nieve y las ráfagas heladas han cambiado la rutina diaria. Pero no solo los humanos han sentido el impacto del invierno: las ratas de Nueva York también están atravesando una de sus temporadas más difíciles.

Para los residentes, eso podría traducirse en una primavera con menos roedores cruzando parques, lotes vacíos y túneles del metro.

“Creo que este invierno frío va a provocar una disminución en la actividad de las ratas”, afirmó Caroline H. Bragdon, funcionaria del Departamento de Salud de la ciudad encargada de supervisar las quejas relacionadas con plagas, en declaraciones recogidas por The New York Times. Sin embargo, advirtió que estos animales son resistentes por naturaleza, por lo que el frío no acabará con ellos por completo.

Jason Munshi-South, profesor de ciencias ambientales en la Universidad de Drexel y uno de los principales investigadores de ratas urbanas en Nueva York, coincide con esa evaluación. No espera un desplome dramático de la población, pero sí una reducción moderada.

“No habrá un colapso total, pero definitivamente veremos menos ratas”, señaló al medio citado anteriormente. Según el experto, el clima extremo provoca una “muerte menor” entre los roedores, con algunos congelándose en sus madrigueras. Además, cuando las temperaturas caen de forma sostenida, la reproducción prácticamente se detiene.

Menos nacimientos y más estrés térmico

En condiciones ideales, una hembra bien alimentada puede tener hasta 7 camadas al año. Pero el frío intenso cambia radicalmente ese panorama. El estrés térmico obliga a las ratas a conservar energía, permanecer escondidas por más tiempo y reducir sus desplazamientos en busca de comida.

“La prioridad pasa a ser sobrevivir, no reproducirse”, explicó Munshi-South.

Las crías son particularmente vulnerables. Bobby Corrigan, consultor en manejo de plagas y autodenominado “roedorólogo urbano”, señaló que los ejemplares jóvenes necesitan nidos cálidos y dietas ricas en proteínas para evitar morir de hipotermia.

“Las ratas requieren mucho alimento y refugios bien aislados para que sus crías sobrevivan cuando los adultos salen a forrajear”, dijo. “Si hay comida suficiente, estarán bien, igual que tú y yo”.

Aun así, el invierno limita esas condiciones favorables. La escasez de restos orgánicos en las calles y la dificultad para encontrar materiales para los nidos reducen las probabilidades de supervivencia de las camadas más recientes.

Puede ser que las ratas se concentren, en esta época del año, principalmente en el metro, donde la temperatura es más cálida. (Foto: Frank Franklin II/AP)

El papel inesperado de la nieve

Aunque parezca contradictorio, la nieve también puede ayudar a algunas ratas a resistir el frío. Robert S. Voss, curador del Departamento de Mastozoología del Museo Americano de Historia Natural, explicó a NYT que la capa blanca funciona como aislante térmico cuando los roedores se esconden debajo.

Además, la nieve ofrece protección frente a depredadores como halcones y búhos, lo que permite que algunos ejemplares encuentren refugio temporal hasta que las temperaturas suben.

No todas las ratas enfrentan las mismas condiciones. Las que viven cerca del sistema de metro cuentan con una ventaja importante: el subsuelo mantiene temperaturas más estables.

“Hace frío ahí abajo”, dijo Munshi-South, “pero no tanto como afuera”.

Eso significa que parte de la población podría seguir activa, especialmente en túneles y estaciones, donde el calor residual y la actividad humana crean microclimas más tolerables.

Caen los reportes al 311

El impacto del invierno coincide con una tendencia más amplia: las llamadas al 311 por avistamientos de ratas han disminuido durante 14 meses consecutivos en comparación con los mismos periodos del año anterior. En total, la caída ronda el 21%.

El Departamento de Sanidad atribuye este descenso a un cambio en la llamada “interacción rata-humano”, un concepto que se centra principalmente en el acceso de los roedores a la basura.

Durante décadas, las bolsas negras apiladas en las aceras fueron un buffet abierto para las ratas. Pero la ciudad ha comenzado a exigir que negocios y muchos edificios residenciales utilicen contenedores sellados, reduciendo drásticamente una de las principales fuentes de alimento.

Hoy, más del 70% de los residuos de la ciudad ya se recogen desde recipientes cerrados. Para el 30% restante, el gobierno municipal ha lanzado proyectos piloto, como la instalación de 1,100 contenedores compartidos en un vecindario de West Harlem. Un distrito de Brooklyn, donde varias escuelas ya usan sistemas similares, recibirá nuevos contenedores más adelante este año.

Joshua Goodman, comisionado adjunto del Departamento de Sanidad, afirmó que esta estrategia apunta a un cambio profundo y duradero.

“La contenedorización va a generar un cambio generacional sostenido en la población de ratas”, aseguró. “Una rata mal alimentada tiene menos crías. Nosotros lo decimos así: si las ratas no comen, no se reproducen”.

Incluso, estudios científicos respaldan esta idea. Investigaciones recientes sugieren que las ratas urbanas de Nueva York han desarrollado adaptaciones físicas, como hocicos más largos y dientes superiores más cortos, debido a su dependencia histórica de la basura callejera.

Reducir ese acceso podría alterar de forma permanente su comportamiento y su capacidad reproductiva.

¿Menos ratas o menos personas afuera?

Corrigan también advierte que parte de la disminución en los reportes puede explicarse por el comportamiento humano.

“En noches como estas, la gente no está sentada en los escalones ni haciendo picnics”, dijo. “Así que también bajan los avistamientos que terminan en llamadas al 311”.

Es decir, menos personas en la calle significa menos oportunidades de ver ratas, incluso si estas siguen presentes en algunos puntos de la ciudad.

Un problema político y urbano

El control de ratas ha sido un tema sensible en la política local. El exalcalde Eric Adams llegó a calificarlas como “enemigo público número uno” y en 2023 creó el cargo de “zar de las ratas”, ocupado por Kathleen Corradi. Ella aseguró en su momento que la ciudad había logrado “cambiar la narrativa” sobre los roedores, aunque dejó el puesto meses después.

El actual alcalde, Zohran Mamdani, no ha indicado si nombrará a un nuevo responsable del programa.

Pese a la incertidumbre política, los expertos consideran que Nueva York avanza en la dirección correcta.

“El compás del control de ratas apunta al rumbo adecuado”, afirmó Corrigan.

Bragdon agregó que cada vez menos propiedades ubicadas en zonas históricamente afectadas están fallando las inspecciones sanitarias.

“Esta disminución empezó antes de la ola de frío”, explicó. “Y el invierno nos va a ayudar a continuar”.

Una tregua temporal

Para los neoyorquinos cansados de esquivar roedores en aceras y estaciones del metro, el invierno ofrece una tregua. Pero los especialistas advierten que el alivio será temporal.

Con la llegada del calor, las ratas que sobrevivan retomarán rápidamente su ciclo reproductivo si encuentran comida y refugio suficientes. Por eso, el éxito a largo plazo dependerá menos del clima y más de políticas sostenidas: manejo adecuado de residuos, sellado de edificios, educación comunitaria y vigilancia constante.

“El frío puede ralentizarlas”, concluyó Munshi-South, “pero si las condiciones mejoran, se recuperan rápido”.

En una ciudad tan densa y dinámica como Nueva York, la batalla contra las ratas no se gana en un solo invierno. Se libra día a día, entre contenedores sellados, madrigueras ocultas y vecinos atentos, mientras el clima solo actúa como un aliado ocasional.

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