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Ataque no provocado de Trump contra Irán no tiene mandato ni base legal, según análisis

El ataque a Irán es una clara violación de la Carta de la ONU y Donald Trump denunció a los líderes de Teherán como un grupo despiadado de gente dura y terrible

Diez días antes de empezar la guerra, había organizado la reunión de su Junta de Paz, que resolvería conflictos no solo en Oriente Medio, sino en todo el mundo.

Diez días antes de empezar la guerra, había organizado la reunión de su Junta de Paz, que resolvería conflictos no solo en Oriente Medio, sino en todo el mundo. Crédito: Michael Gonzalez | AP

Inició la primera guerra de la era de la Junta de Paz del presidente Donald Trump: un intento no provocado de cambio de régimen en colaboración con Israel, sin fundamento legal, lanzado en medio de esfuerzos democráticos para evitar el conflicto y con una consulta casi nula con el Congreso y el público estadounidense.

Las declaraciones de ocho minutos del mandatario republicano tras el lanzamiento de las primeras bombas dejaron claro que no se trataría de un ataque limitador para persuadir a Teherán de que hiciera concesiones en la mesa de negociaciones.

Asimismo, alertó que si el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán no se rendía, sería asesinado, y las fuerzas armadas del país, sus misiles y su armada serían destruidos.

El camino queda abierto para que la oposición iraní y las minorías étnicas de la nación se levantaran y derrocaran al régimen.

Es hora de que todo el pueblo de Irán –persas, kurdos, azeríes, baluchis y akhvakhs– se deshaga de la carga de la tiranía y cree un Irán libre y que busque la paz“, manifestó Trump.

Al coordinar el mensaje y los misiles, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, expresó que su país se había unido a la guerra “para eliminar la amenaza existencial que plantea el régimen terrorista en Irán”.

Los objetivos de ataque conjunto pusieron en duda la probabilidad de éxito de las negociaciones entre EE.UU. e Irán en las semanas anteriores, en las que los delegados discutieron posibles límites al enriquecimiento de uranio. Las conversaciones en cuestión, cuya última ronda se celebró el jueves, se llevaron a cabo a la sombra de lo que el presidente llamó su “hermosa armada” reunida en Oriente Medio, la mayor fuerza estadounidense en la región desde la desafortunada invasión de Irak en 2003, y ahora parece posible que solo una capitulación total por parte de Irán pueda detener los ataques.

Diez días antes de empezar la guerra, había organizado la reunión inaugural de su Junta de Paz, que presuntamente resolvería conflictos, no solo en Oriente Medio, sino en todo el mundo. La mencionada reunión congregó a líderes y altos funcionarios de 27 estados dispares, la mayoría autocracias, en Washington para elogiar a Trump.

La Junta de la Paz fue presentada al Consejo de Seguridad de la ONU en noviembre pasado como la única vía para poner fin a la masacre en Gaza, pero mucho antes de que se dispararan los primeros misiles que estallaron en Irán, ya estaba claro que se trataba de una estafa de cebo y cambio.

La ONU creyó estar comprando una cosa, pero le vendieron algo muy diferente: un organismo rival del Consejo de Seguridad, pero en el que Trump estaría a la cabeza.

Asimismo, el ataque a Irán estipula una clara violación de la Carta de la ONU, pese a la ausencia de una amenaza iraní creíble e inminente para Estados Unidos. Queriendo justificarse, Trump se limitó a generalizar, denunciando a líderes de Teherán como “un grupo despiadado de gente dura y terrible” y a los 47 años de la enemistad entre EE.UU. y la República Islámica.

Se puede decir que en casi medio siglo Irán nunca ha representado una amenaza menor que ahora, debilitado por el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel en junio del año pasado que degradó sus defensas, como por décadas de sanciones combinadas con migración económica que llevaron a protestas masivas en las calles de Irán.

No obstante, en la Junta de la Paz, el mandatario republicano no tiene que justificarse, pues no existen reglas, salvo las que le otorgan el poder de inventarlas sobre la marcha. Fue cada vez más evidente que la junta no es particularmente un foro para resolver conflictos, sino un vehículo para los intereses políticos y financieros del presidente. Los gobiernos que se adhirieron a la junta ahora se encuentran cómplices de una guerra que pocos quieren.

No se ha aclarado qué transformó a Trump de un presidente de paz a uno de guerra, pero hay algunas pistas. En EE.UU., enfrenta reveses, una popularidad cada vez más pequeña de cara a los comicios de mitad de periodo y una reciente reprimenda de un Tribunal Supremo normalmente favorable a su facultad de usar los aranceles como su herramienta favorita de política exterior.

El secretario de Comercio durante el primer mandato de Trump, Wilbur Ross, expresó que la derrota judicial había hecho más probable un ataque contra Irán, informó The Guardian.

“No creo que pueda aceptar esta derrota y luego ser visto como alguien que da marcha atrás respecto a Irán” apuntó Ross a The Wall Street Journal.

En tanto, la nube de sospechas que se cierne sobre la relación de Trump con Jeffrey Epstein no se ha disipado pese a los esfuerzos del Departamento de Justicia (DOJ) para racionar el flujo de revelaciones sobre las operaciones de tráfico de menores del magnate delincuente sexual.

“Estoy muy preocupado, porque se descontrola muchísimo cuando se ve en apuros como este”, declaró el senador demócrata Chuck Schumer unos días antes de que comenzara la guerra. “Me preocupa lo que pueda hacer en Irán, ¿quién sabe?”.

En su exterior, Trump parecía haber renunciado a buscar un premio Nobel de la paz, alertando que el mes pasado el primer ministro noruego (que no tuvo ni voz ni voto) que ya no sentía “la obligación de pensar puramente en la paz”.

Para el republicano, quien tuvo más éxito como personaje de un reality show que como promotor inmobiliario, la guerra empezó a parecer una distracción mejor que la paz. El primer ejecutivo estaba entusiasmado con una audaz y exitosa incursión en Venezuela en enero, en que las fuerzas especiales de Estados Unidos extrajeron de la nación suramericana a su líder, Nicolás Maduro, sin una sola víctima estadounidense.

Trump cuenta con un gran éxito en Irán, transmitido en vivo para convencer a su país tras el incidente. Antes de su declaración grabada, el gobierno no había hecho ningún esfuerzo real por presentar alegatos convincentes ante el Congreso ni ante la nación, en un momento en que los sondeos sugieren que solo una cuarta parte de los votantes estadounidenses respalda una nueva guerra en Oriente Medio.

Dado que el discurso sobre el Estado de la Unión de martes coincidió con el punto álgido de los preparativos militares estadounidenses, se esperaba que el presidente aprovechara la oportunidad para presentar argumentos a favor de la guerra. No obstante, solo le dedicó tres minutos a Irán de un total de una hora y 47 minutos.

El Congreso, que en la teoría tiene la prerrogativa constitucional si EE.UU. entra en guerra, quedó relegado. Ocho líderes del Congreso de los dos partidos recibieron información clasificada pocas horas antes del discurso del Estado de la Unión por parte del secretario de Estado, Marco Rubio. Sin embargo, los legisladores demócratas salieron diciendo que no se les había dado un buen motivo para que el país tuviera que entrar en guerra ahora.

En este sentido, Trump dejó claro que espera que el pueblo iraní sea el agente de cambio de régimen luego de que las bombas hayan debilitado las estructuras de poder existentes. No tienen intención de llevar a cabo una invasión terrestre. En su declaración, el presidente advirtió al público que se espera que haya algunas bajas estadounidenses, pero no está claro cuántas muertes en combate aceptaría el electorado, incluidos los mismos partidarios de Trump, en una guerra tan claramente elegida.

Ante la probabilidad de una derrota de su partido en noviembre, el mandatario ha optado por asumir la mayor apuesta de su mandato.

La historia sugiere que es muy difícil derribar regímenes arraigados solo con bombardeos aéreos, y ahora quedó claro para el régimen de Teherán que esta lucha, se puede estimar, intenta infligir el máximo daño a sus atacantes con todo lo que tengan a la mano.

“Los iraníes han llegado a la conclusión de que la moderación ha sido interpretada como debilidad e invita a más agresión”, señaló Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group, agregando que la capacidad de Irán de causar daño a sus enemigos no ha sido realmente puesta a prueba.

“En la guerra de 12 días, los iraníes no utilizaron ninguna de las capacidades militares que han desarrollado durante muchos, muchos años para atacar activos estadounidenses, como misiles de corto alcance, misiles de crucero, activos navales, drones, drones submarinos, misiles balísticos antibuque y misiles de crucero”, dijo Vaez.

Las fuerzas de Irán tendrían una gran gama de objetivos a su alcance, incluyendo los buques militares y comerciales, en el estrecho de Ormuz o en el golfo Pérsico. El ataque selectivo resultó eficaz para los aliados de Teherán, las fuerzas hutíes en Yemen, quienes por poco alcanzaron un portaaviones estadounidense con uno de sus misiles.

Los hutíes podrían participar en la respuesta iraní, conscientes de que la derrota del régimen de Teherán le privaría de su patrocinador. Hezbolá, por su lado, aunque debilitado por los bombardeos israelíes del año pasado, ha recuperado parte de su fuerza y también podría optar por unirse por razones parecidas.

“En todos los años de juegos de guerra en Washington, en el Pentágono y con todos los centros de estudios, sin excepción, uno o dos buques de guerra estadounidenses se hundirían”, explicó Vaez.

Obviamente, esto le daría a Trump más razones para tomar represalias devastadoras. Pero entonces había lanzado otra guerra en Oriente Medio, agregó.

El presidente republicano no puede presentar lo antes mencionado como una victoria. Su mandato quedaría completamente eclipsado por eso.

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