Matthew McConaughey fue Mateo en Perú cuando escapó de Hollywood

El actor explicó que en sus primeros años decidió desaparecer del mapa y pasar 22 días en este país bajo otra identidad para recuperar su claridad

El intérprete recordó cómo ese viaje inesperado lo ayudó a redescubrirse

El intérprete recordó cómo ese viaje inesperado lo ayudó a redescubrirse. Crédito: Chris Pizzello | AP

Antes de consolidarse como uno de los rostros más reconocibles de la industria, Matthew McConaughey entendió que necesitaba hacer algo más radical que unas simples vacaciones.

La fama recién adquirida empezaba a empujarlo hacia un ritmo que no terminaba de entender y la sensación de desgaste lo acompañaba incluso en los momentos que se suponían triunfales. En ese instante de ruido interno, tomó una decisión inesperada y fue desaparecer sin avisar y buscar un lugar donde nadie lo identificara.

Ese destino terminó siendo Perú, un espacio que encontró perfecto para alejarse de los compromisos y recuperar algo de silencio. Así lo contó en una conversación para el podcast “No Magic Pill”, donde confesó que la sobreexposición de sus primeros años lo había dejado sin equilibrio.

Necesitaba poner los pies en la tierra. Así que me fui. Boom. Me fui a Perú"

Matthew McConaughey Actor

Mateo, el nombre que lo liberó

Ya instalado en un paraje sin electricidad y sin comodidades modernas, dio un paso más y decidió presentarse como Mateo. Esa identidad improvisada le permitió convivir con personas que no tenían idea de quién era ni de la carrera que empezaba a construir en Hollywood.

Su intención era sencilla pero profunda, quería comprobar si todavía podía sostener su esencia sin el reconocimiento de afuera: “Sabía que lo tenía, sólo tenía que volver a demostrarlo”, explicó.

Durante los primeros doce días, la experiencia avanzó sin grandes sobresaltos. Él mismo dijo que todo se sentía “flojo”, como si todavía no terminara de asentarse. Sin embargo, la situación cambió cuando consiguió abrir espacio a vínculos reales con quienes lo rodeaban. Dejó de ser un extranjero silencioso y empezó a participar de la rutina local, a conversar, a compartir. Según relató, dijo que eso fue decisivo para lo que vino después.

Al despedirse, las lágrimas marcaron ese cierre inesperadamente íntimo: “Al final de los 22 días, las lágrimas en sus ojos y las lágrimas en los míos, y los abrazos que nos dimos en la tristeza y en la felicidad de despedirnos, estaban basados en el hombre que conocieron llamado Mateo, que no tenía nada que ver con la celebridad”, contó en el podcast. Y añadió que esa vivencia lo convenció de que su identidad no dependía del personaje público: “Eso reafirmó mi propia identidad: ‘Ah, todavía lo tengo. Esto está basado en mí’”.

Ese retiro provisional no fue un capricho para Matthew McConaughey. Según reiteró en “No Magic Pill”, había dicho “sí” más veces de las que debería y ya no distinguía con claridad lo auténtico de lo impuesto, por la dinámica laboral y de la fama.

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