Cocheros de Nueva York denuncian traición ante plan para prohibir los paseos a caballo

El gremio de carruajes acusa a las autoridades de dar la espalda a familias trabajadoras tras el impulso de medidas que buscan prohibir la actividad

Cerca de 40 caballos de tiro murieron en el trabajo desde 1982, por agotamiento por calor y accidentes, entre otras causas.

Cerca de 40 caballos de tiro murieron en el trabajo desde 1982, por agotamiento por calor y accidentes, entre otras causas. Crédito: Yuki Iwamura | AP

El Ayuntamiento está cerca de aprobar el jueves una ley que pondrá fin a los paseos a caballo en Nueva York, después de más de 160 años de su inicio.

El alcalde Zohran Mamdani declaró que el proyecto de ley eliminará de forma gradual esta antigua práctica para la primavera de 2028.

Por décadas, los activistas por los derechos de los animales han pedido repetidas veces que se prohíban los carruajes tirados por caballos en la ciudad, alegando que es inhumano que los corceles tiren de carros por las calles congestionadas de Manhattan.

No obstante, los cocheros insisten en que son una parte esencial del turismo en la Gran Manzana, y que injustamente están obligados a cerrar sus negocios.

Un conductor de carruajes de caballos durante más de 40 años, Robert Boyle, fue celebrado por un grupo de niños pequeños la semana pasada mientras su caballo marrón chocolate llamado Sam tiraba de su carruaje por medio del tránsito vehicular de Hell’s Kitchen desde los establos de Clinton Park en la calle 52 Oeste, de camino a Central Park.

“¿Ves? A los niños les encanta esto”, apuntó. “Todavía no han sido contaminados por TikTok. Los activistas por los derechos de los animales, los acaparadores de tierras y el dinero”.

Boyle y otros cocheros llevan tiempo diciendo que los ejecutivos inmobiliarios están detrás de la iniciativa de grupos defensores de los derechos de los animales como NYCLASS para prohibir este sector. Mantiene que los promotores inmobiliarios tienen la vista puesta en los establos de West Side, donde viven y se “cuidan” 90 caballos.

Los intentos previos de los alcaldes, Bill de Blasio y Eric Adams, de prohibir el sector fallaron ante las protestas del Sindicato de Trabajadores del Transporte Local 100, que representa a los cocheros de carruajes halados por caballos.

Pero el panorama político cambió en junio cuando Romanch Mahajan, un turista de 18 años, murió en Central Park después de ser lanzado de un carruaje tirado por un caballo desbocado. Su muerte se produjo semanas después de que un jamelgo se desplomara y muriera en el parque, informó Gothamist.

Estos hechos impulsaron los esfuerzos para prohibir esta actividad, rebautizada en honor al joven, antes de lograr el respaldo fundamental de la presidenta del Consejo Municipal, Julie Menin.

Los trabajadores del sector aseguran haberse convertido en chivos expiatorios en un parque repleto de bicicletas eléctricas y otros vehículos a batería que causan más accidentes que sus lentos carruajes.

El alcalde declaró que quiere garantizar que los conductores no queden desempleados una vez el sector sea eliminado por completo. Pero todavía no se han concretado las precisiones sobre cómo los funcionarios municipales planean ayudar a las 200 personas que laboran en ese sector.

Por su parte, Edita Birnkrant, directora ejecutiva del grupo de defensa de los derechos de los animales NYCLASS, aseguró que esa industria es “cruel y peligrosa” y que la prohibición “llegó demasiado tarde”.

De acuerdo con los datos de la oficina del presidente del distrito de Manhattan, cerca de 40 caballos de tiro murieron en el trabajo desde 1982, por agotamiento por calor y accidentes, entre otras causas.

En el extremo sur del circuito de Central Park, donde decenas de carruajes recogen a los clientes que pagan $72.22 dólares por un paseo de 20 minutos y hasta $414.99 dólares por un “gran recorrido” de dos horas, se destinaría a otro fin si la prohibición entra en vigencia.

Boyle dijo que hubiese deseado que los legisladores hubieran dialogado más con los cocheros y otros integrantes del sector antes de, a su juicio, ceder ante los activistas por los derechos de los animales.

“Entiendo su punto de vista, como si dijeran: ‘Los caballos no deberían tener que trabajar para ganarse la vida'”, indicó. “Pues bien, las personas tampoco deberían tener que trabajar para ganarse la vida”.

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