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Por qué este invierno se siente más intenso en EE.UU., según expertos en psicología y clima

Décadas de inviernos suaves cambiaron nuestra tolerancia al frío y hoy el cerebro amplifica el impacto de las temperaturas extremas

Invierno extremo

El cambio climático ha provocado que las nuevas generaciones no estén acostumbradas al frío real de la época invernal. Crédito: Wade Payne | AP

Aunque la actual ola de frío que atraviesa Estados Unidos no es histórica, para millones de personas se siente como una de las más duras de su vida. La razón no está solo en los termómetros, sino también en la mente.

Tras más de 2 décadas de inviernos inusualmente cálidos, impulsados en gran parte por el cambio climático, el cuerpo y el cerebro se han desacostumbrado al frío extremo. Ese “olvido térmico” explica por qué esta temporada invernal resulta particularmente intensa, sobre todo para generaciones más jóvenes.

“Nos adaptamos muy rápido a cualquier experiencia”, explicó Hannah Perfecto, investigadora del comportamiento del consumidor en la Universidad de Washington en St. Louis a AP. “El primer día de una ola de frío impacta mucho más al sistema que el día veinte. Lo mismo ocurre con cualquier estímulo desagradable”.

Esta reacción tiene una base psicológica clara: el cerebro responde con mayor fuerza a lo inesperado. Cuando el frío deja de ser habitual, regresa convertido en una experiencia amplificada.

El frío es menos frecuente, pero se siente más

Los registros climáticos confirman el cambio. Entre 2001 y 2025, EE.UU. tuvo en promedio 4 días menos de temperaturas bajo cero por año que en los 25 años anteriores. Además, estos episodios se volvieron menos prolongados y menos extensos geográficamente.

En ciudades del noreste como Albany, Nueva York, el descenso ha sido aún más marcado: hubo 11 días menos bajo cero en el último cuarto de siglo frente al periodo previo. Para quienes crecieron durante estas décadas más templadas, el frío actual resulta desconcertante.

Daniel Swain, del Instituto de Recursos Hídricos de la Universidad de California, señaló que en muchos lugares del país esta podría ser la semana más fría que hayan vivido personas menores de 30 años.

Jennifer Francis, climatóloga del Centro de Investigación Climática Woodwell, lo resume así: “Los humanos nos acostumbramos a todo: al ruido, al calor, incluso al frío. Cuando llega una ola invernal ‘normal’, la sentimos con mucha más intensidad”.

La memoria climática es corta

Un estudio publicado en 2019 reveló que bastan entre 2 y 8 años de inviernos suaves para que la gente olvide cómo se siente el frío extremo. En EE.UU., ese proceso lleva más de 20 años en marcha.

En las últimas 3 décadas, la temperatura mínima diaria promedio del país cayó por debajo de 10°F (-12°C) apenas 40 veces. En los 30 años anteriores, ese umbral se alcanzó 124 veces.

“La gente ha olvidado lo frío que era el siglo XX”, afirmó Andrew Dessler, climatólogo de la Universidad Texas A&M. Ese contraste explica por qué el impacto emocional del invierno actual es tan fuerte, incluso si los registros históricos muestran que no se trata de un evento excepcional.

El cerebro interpreta el frío como una amenaza cuando deja de ser parte de la rutina, activando respuestas de estrés que intensifican la sensación física.

“Oxidación climática”: cuando perdemos práctica

Thomas Rutledge, psiquiatra de la Universidad de San Diego, llama a este fenómeno “oxidación climática”. Vivió durante años en Alaska y observó que, tras cada verano, aumentaban drásticamente los accidentes de tránsito con la primera nevada.

“No es que la gente olvide cómo conducir en invierno”, explicó. “Es que varios meses sin practicar son suficientes para que esas habilidades se deterioren”.

Lo mismo ocurre con el frío. Después de largos periodos templados, el cuerpo pierde parte de su capacidad de adaptación: cuesta más regular la temperatura, se percibe mayor incomodidad y el umbral de tolerancia disminuye.

Esto se agrava en regiones del sur como Dallas o Miami, donde la población y la infraestructura no están diseñadas para soportar temperaturas extremas. Pero incluso en el noreste, ciudades como Nueva York enfrentan sistemas energéticos y de transporte tensionados cuando el frío persiste.

Consecuencias reales más allá de la percepción

Aunque gran parte del impacto es psicológico, las consecuencias son tangibles. Desde enero, más de 110 muertes en EE.UU. han sido vinculadas a tormentas invernales y temperaturas bajo cero. Las carreteras congeladas, las caídas, los apagones y la baja visibilidad convierten tareas cotidianas en actividades de riesgo.

En Nueva York, las autoridades confirmaron al menos 16 fallecimientos relacionados con el frío, mientras los servicios de emergencia reportaron miles de incidentes durante los días más gélidos.

Aun así, los datos de más de 400 estaciones meteorológicas con un siglo de registros muestran que solo una pequeña fracción del país vive uno de los comienzos de año más fríos de su historia.

La diferencia está en cómo lo procesamos.

Un invierno que se siente más largo

Para muchos estadounidenses, esta temporada funciona como un recordatorio incómodo de lo que solía ser normal. Décadas de inviernos suaves modificaron nuestras expectativas, y ahora el contraste pesa más que el frío mismo.

Conforme pasan los días, el cuerpo comienza a adaptarse. Pero la primera impresión deja huella.

“No es que el invierno haya cambiado de repente”, señalan los expertos. “Somos nosotros los que hemos cambiado”.

Y mientras el clima siga oscilando entre extremos, la psicología seguirá jugando un papel central en cómo vivimos cada temporada.

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