Crisis energética golpea a familias latinas: “One Hot Summer / ¡Qué Calor!” busca transformar el costo de la luz en poder cívico
Facturas de luz al alza y calor extremo impulsan campaña nacional que conecta costos de energía con participación cívica latina
Muchos latinos desconocen quién regula los precios de la electricidad, lo cual se transforma en falta de conocimiento político. Crédito: Shutterstock
El aumento sostenido en las facturas de electricidad en Estados Unidos se ha convertido en una preocupación urgente para millones de familias trabajadoras, especialmente dentro de la comunidad latina.
En este contexto, la organización Poder Latinx lanzó su campaña nacional “One Hot Summer / ¡Qué Calor!”, una iniciativa que busca educar, movilizar y empoderar a los votantes frente a una combinación crítica de factores: calor extremo, incremento en el costo de la vida y decisiones políticas que impactan directamente el bolsillo de los hogares.
La campaña llega en un momento clave, con las elecciones de medio término de 2026 en el horizonte y con un panorama económico que presiona cada vez más a las familias. Según datos recabados por la organización a través de encuestas y trabajo comunitario en 7 estados, incluyendo Arizona, Texas, California, Georgia y Florida, el 86% de los encuestados reporta que sus facturas de energía son más altas que el año anterior, mientras que el 84% asegura que ahora es más difícil cubrir necesidades básicas como alimentos, renta o atención médica.
El costo de la electricidad: una carga creciente
Para muchas familias latinas e inmigrantes, la electricidad no es un lujo, sino una necesidad básica, especialmente en regiones con temperaturas extremas. En estados como Arizona o Texas, donde el calor puede alcanzar niveles peligrosos, el uso de aire acondicionado es vital para evitar riesgos de salud como golpes de calor.
Sin embargo, este consumo esencial se ha traducido en facturas mensuales que oscilan entre los $300 y $400 dólares, e incluso más en algunos casos. Testimonios recogidos por la organización revelan situaciones alarmantes, como hogares que han tenido que duplicar sus gastos eléctricos debido al uso de equipos médicos o a condiciones de vivienda deficientes, como falta de aislamiento térmico.
“Las familias están enfrentando decisiones imposibles: pagar la luz o comprar alimentos”, señaló Yadira Sánchez, directora ejecutiva de la organización. “Estos costos no son inevitables, responden a decisiones políticas y regulatorias, y las comunidades merecen entenderlas y tener voz”.
Desinformación y desconexión: el gran desafío
Uno de los hallazgos más relevantes de la campaña es el bajo nivel de conocimiento sobre cómo se determinan los precios de la electricidad. El 76% de las personas encuestadas no sabe que existen organismos regulatorios, como las comisiones de servicio público, encargados de aprobar tarifas energéticas.
Además, 8 de cada 10 personas admiten que no revisan sus facturas de electricidad, en parte porque utilizan pagos automáticos o digitales que dificultan el análisis detallado de los cargos. Esta falta de información limita la capacidad de los consumidores para cuestionar aumentos o exigir transparencia.
La campaña “One Hot Summer / ¡Qué Calor!” busca cerrar esta brecha mediante talleres educativos, herramientas digitales y espacios comunitarios donde las familias puedan aprender a leer sus facturas, identificar cargos injustificados y acceder a programas de asistencia o eficiencia energética.
Del hogar a las urnas: convertir la preocupación en acción
Más allá de la educación financiera, el objetivo central de la campaña es fomentar la participación cívica. Poder Latinx sostiene que existe una conexión directa entre las decisiones políticas, como la regulación de tarifas o la inversión en infraestructura energética, y el costo de vida de las familias.
Sin embargo, muchas de estas decisiones se toman en instancias poco conocidas por el público, como juntas de servicios públicos o elecciones locales con baja participación. En algunos casos, como en Arizona, estas elecciones ni siquiera siguen el principio de “una persona, un voto”, lo que limita la representación de comunidades latinas, especialmente aquellas que rentan viviendas.
La campaña busca cambiar esta realidad incentivando la inscripción de votantes, la participación en audiencias públicas y el seguimiento de procesos regulatorios. “Cuando las personas entienden quién toma las decisiones, están más dispuestas a involucrarse y exigir cambios”, explicó Sánchez.
Otro componente clave del esfuerzo es promover el acceso a energía limpia y programas de eficiencia energética. Aunque la mitad de los encuestados expresó interés en estas opciones, muchos enfrentan barreras como costos iniciales elevados, restricciones de arrendadores o falta de información.
La campaña también abordará estos desafíos mediante la difusión de recursos disponibles y la promoción de políticas que faciliten la transición hacia energías más sostenibles y asequibles.
Un tema emergente también identificado por la organización es el crecimiento de centros de datos en comunidades latinas, los cuales consumen grandes cantidades de electricidad y agua. Según testimonios recogidos en Florida, algunos vecindarios tienen múltiples instalaciones de este tipo en un radio reducido, lo que genera preocupación por el impacto en los recursos locales y en las tarifas de servicios.
La falta de regulación clara sobre estas infraestructuras agrava la situación, ya que los costos asociados pueden trasladarse a los consumidores sin mecanismos efectivos de control.
Un momento decisivo rumbo a 2026
Con las elecciones de medio término acercándose, Poder Latinx considera que este es un momento clave para transformar la preocupación económica en acción política. La organización enfatiza que su campaña es no partidista y está enfocada en educación cívica, pero reconoce que el contexto electoral ofrece una oportunidad única para que las comunidades latinas influyan en decisiones que afectan directamente su calidad de vida.
A través de su presencia en estados clave y su modelo de organización comunitaria, basado en contacto directo, grupos focales y liderazgo local, la campaña aspira a construir un movimiento sostenido que vincule el costo de la vida con el poder ciudadano.
“Se trata de conectar lo que ocurre en la mesa del hogar con lo que sucede en las urnas”, concluyó Sánchez. “Porque cuando las comunidades están informadas y organizadas, pueden construir un sistema más justo, transparente y equitativo”.
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