¿Por qué han sucedido tantos terremotos este verano?
Colombia, Venezuela y Japón registraron sismos de gran magnitud en semanas recientes; expertos explican qué hay detrás de esta actividad
No hay dato científico que conecte a los terremotos ocurridos en las últimas semanas. Crédito: Carlos Ortega | EFE
Los terremotos de magnitud 7 o superior que han golpeado Venezuela, Japón y Colombia en un periodo de pocas semanas han reforzado la sensación de que la Tierra atraviesa una etapa especialmente sísmica. Pero, ¿por qué se han producido varios sismos fuertes en tan poco tiempo?
La respuesta está en la dinámica natural de las placas tectónicas y, sobre todo, en la concentración de grandes zonas de subducción y fallas activas alrededor del planeta. No existe evidencia de que la Tierra haya entrado en un ciclo excepcional ni de que un terremoto distante esté provocando automáticamente otro.
El 24 de junio, Venezuela registró 2 fuertes terremotos, de magnitudes 7.2 y 7.5, según el USGS. Los movimientos ocurrieron con apenas segundos de diferencia y afectaron varias zonas del norte del país. La secuencia se produjo en el complejo sistema de fallas donde interactúan las placas del Caribe y Sudamericana.
Un mes después, Japón volvió a ocupar los titulares por un terremoto de magnitud 7.1 que sacudió la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu, el 28 de julio. El movimiento provocó muertes, daños estructurales y afectaciones en infraestructura, incluido el histórico castillo de Kumamoto.
Y el 10 de agosto llegó otro gran episodio: Colombia fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.4, con epicentro en Chocó. El sismo, ocurrido a una profundidad aproximada de 107 kilómetros, fue percibido en numerosas regiones y generó una secuencia de réplicas.
3 terremotos, 3 contextos tectónicos
Aunque los tres eventos ocurrieron en un lapso relativamente corto, no forman una cadena sísmica mundial. Cada uno responde a las características geológicas de su propia región.
La geóloga colombiana Adriana Ocampo explicó en entrevista para El Nuevo Día, que el terremoto de Colombia fue consecuencia de la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana. “Son procesos independientes y no están conectados”, señaló al analizar la actividad sísmica de 2026.
Japón, por su parte, se encuentra en una de las zonas tectónicas más complejas del planeta. El archipiélago está rodeado por varias placas y se ubica dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa franja donde se concentra cerca del 90% de los terremotos mundiales.
Colombia también forma parte de ese cinturón, mientras Venezuela se encuentra fuera de él. Sin embargo, la presencia de los 3 países en un periodo de alta atención sísmica no significa que exista un mecanismo único detrás de los terremotos.

¿Por qué parece que hay más terremotos?
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que los aumentos temporales en la actividad sísmica forman parte de las fluctuaciones normales de las tasas de terremotos. Un periodo con varios sismos fuertes no constituye por sí mismo una señal de que se aproxima un terremoto mayor.
Los registros históricos muestran que la cantidad de grandes terremotos cambia considerablemente de un año a otro. El USGS calcula que, a largo plazo, se esperan alrededor de 16 terremotos de magnitud 7 o superior por año, aunque algunos años superan ampliamente esa cifra y otros quedan por debajo.
La tecnología también modifica nuestra percepción. Actualmente existen miles de instrumentos capaces de detectar movimientos que antes no podían registrarse con tanta precisión. Además, las redes sociales y los sistemas de información hacen que un terremoto ocurrido al otro lado del mundo llegue a las pantallas en cuestión de minutos.
La profundidad también importa
La magnitud no es el único factor que determina los daños. La profundidad, el tipo de suelo y la calidad de las edificaciones pueden transformar por completo las consecuencias de un terremoto.
En Colombia, por ejemplo, la profundidad de alrededor de 107 kilómetros hizo que parte de la energía se atenuara antes de llegar a la superficie. Sin embargo, las condiciones locales del terreno y la vulnerabilidad de determinadas construcciones influyeron en el impacto.
En Venezuela, los terremotos fueron mucho más superficiales, lo que contribuyó a que el movimiento se sintiera con mayor intensidad en las zonas afectadas. Japón posee una larga experiencia en preparación sísmica y construcción resistente porque convive con una amenaza permanente.
¿Significa esto que habrá otro gran terremoto?
No necesariamente. Los científicos pueden identificar regiones con alta amenaza sísmica, estudiar las fallas y medir cómo se acumula la tensión, pero todavía no pueden determinar con precisión el día, la hora y el lugar de un gran terremoto.
Las réplicas sí son esperables después de un movimiento importante. Ocampo explicó que la corteza busca un nuevo equilibrio y que pueden producirse temblores posteriores durante horas, días o semanas. Pero eso no permite anticipar que ocurrirá otro terremoto de gran magnitud.
La sucesión de Venezuela, Japón y Colombia deja, por tanto, una conclusión menos espectacular pero mucho más importante: la Tierra no necesita estar atravesando una anomalía para producir varios terremotos fuertes en pocas semanas.
El planeta permanece en movimiento constante. Las placas acumulan energía durante años, décadas o incluso siglos y la liberan cuando las condiciones geológicas lo permiten. La ciencia no puede detener ese proceso, pero sí puede reducir sus consecuencias mediante mejores construcciones, monitoreo, educación y preparación de la población.
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