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Este mal hábito daña tu hígado y los médicos no suelen comentarlo

Existe un mal hábito que puede contribuir al desarrollo de hígado graso no alcohólico, que con el tiempo puede provocar inflamación hepática

Muchos médicos priorizan advertencias sobre el consumo de alcohol o dietas altas en grasas cuando se trata de la salud hepática.

Muchos médicos priorizan advertencias sobre el consumo de alcohol o dietas altas en grasas cuando se trata de la salud hepática. Crédito: NMK-Studio | Shutterstock

Cuando se trata de la salud hepática, la mayoría de recomendaciones médicas se enfocan en evitar bebidas alcohólicas, cuidar la alimentación y controlar el consumo de ciertos medicamentos. Sin embargo, hay un factor que los expertos suelen no comentar y que puede tener un impacto directo en el hígado: el sedentarismo.

Permanecer largos periodos sin actividad física no solo afecta el peso o el sistema cardiovascular, también puede alterar el funcionamiento del hígado y favorecer la aparición de enfermedades silenciosas.

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El vínculo entre el sedentarismo y el hígado graso

Uno de los principales riesgos asociados a la falta de movimiento es el desarrollo de hígado graso no alcohólico. Esta condición ocurre cuando se acumula grasa en las células hepáticas, incluso en personas que no consumen alcohol de forma habitual.

El sedentarismo contribuye a este proceso porque reduce la capacidad del cuerpo para metabolizar grasas y azúcares. Cuando no hay actividad física, el organismo tiende a almacenar el exceso de energía, y parte de ese almacenamiento termina en el hígado.

Con el tiempo, explican expertos a BestLife, esta acumulación puede provocar inflamación y, en casos más avanzados, cicatrización del tejido hepático, lo que se conoce como fibrosis. Si no se controla, puede evolucionar hacia enfermedades más serias.

Aunque el sedentarismo es un factor de riesgo conocido, suele quedar en segundo plano frente a otros hábitos más visibles. Muchos médicos priorizan advertencias sobre el consumo de alcohol o dietas altas en grasas, ya que sus efectos son más directos y conocidos por la población.

Sin embargo, estudios recientes han demostrado que incluso personas con una alimentación equilibrada pueden desarrollar problemas hepáticos si llevan una vida completamente inactiva.

Levantarse con frecuencia, evitar pasar horas continuas sentado y adoptar una rutina de ejercicio regular son pasos clave para proteger este órgano.

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