¿Qué tanto la pandemia ha cambiado el transporte público y privado en Nueva York?

Menos viajes en trenes, y aumento en el uso de bus, autos y bicicletas, en medio de una eterna crisis financiera

Costosa limpieza adicional.
Costosa limpieza adicional.
Foto: Andrés Correa Guatarasma / Cortesía

A principios del año pasado, alrededor de 160,000 personas pasaban por Grand Central cada día de la semana laboral. El número de pasajeros ahora es menos de una cuarta parte, lo que implica una reducción de más de 75% en el tráfico.

La pandemia ha perturbado profundamente el sistema de transporte público de NYC, el más grande de EE.UU, agravando una crisis financiera que ya era crítica. Además, lograr que más personas utilicen el transporte público será un componente crucial del plan de la ciudad para convertirse en carbono neutral para el año 2050. El sistema necesita crecer, justo en un momento en que se enfrenta a una fuerte disminución en el número de pasajeros e ingresos.

Los viajes en Metro, autobús y automóvil en la ciudad de Nueva York cayeron drásticamente desde marzo pasado cuando aumentaron los casos de coronavirus y la ciudad entró en un bloqueo obligatorio. Muchos empleados cambiaron al trabajo remoto y aún no han regresado a sus oficinas. Otros miles se mudaron fuera y los turistas dejaron de venir.

Mantener los autobuses y el Metro de la ciudad en movimiento ha sido crucial para el traslado de trabajadores esenciales, pero, con menos pasajeros, la organización de transporte público de la ciudad se enfrenta a la peor crisis presupuestaria de la historia.

“Todavía estamos en una grave crisis fiscal causada por la pandemia”, alertó Shams Tarek, subdirector de comunicaciones de la Autoridad de Transporte Metropolitano (MTA), que opera los subterráneos, autobuses y trenes en el área metropolitana de Nueva York. “Pero somos optimistas sobre el futuro, dado el apoyo (por el paquete de estímulo) que hemos recibido en Washington. Esperamos que la cantidad de pasajeros regrese gradualmente al sistema; no es una cuestión de si, sino de cuándo, y continuaremos impulsando la recuperación de Nueva York“.

Antes de la pandemia, el Metro era el medio de transporte más popular de la ciudad, con casi 1,700 millones de viajes en 2019. Pero en marzo pasado, el número de pasajeros había caído 90% y sólo se ha recuperado a un tercio de lo que era antes de la pandemia.

“Hay una diferencia en los viajes en este momento”, opinó Hayley Richardson, asociada senior de comunicaciones en TransitCenter, un grupo sin fines de lucro que aboga por el transporte público en la ciudad de Nueva York. “Simplemente hay menos movimiento en la ciudad”.

Pero el número de pasajeros del Metro no ha disminuido por igual en todos los vecindarios: los de ingresos más bajos Queens, Brooklyn y El Bronx han visto menos reducciones. En cambio, con las oficinas cerradas y sin turistas, las estaciones en áreas más costosas y del centro de Manhattan ahora ven sólo una pequeña fracción de sus pasajeros anteriores: por ejemplo, sólo 19% en enero pasado en Times Square 42nd Street, frente a ese mes en 2020.

La disminución de los usuarios del Metro en toda la ciudad ha acabado con el presupuesto de transporte, sentenció The New York Times. Desde la primavera pasada, la MTA ha estado operando con un total de $8 mil millones de dólares en pagos de ayuda para el coronavirus del gobierno federal y $3 mil millones adicionales en préstamos a corto plazo. Pero ese dinero pronto se acabará y se requieren $8 mil millones más para 2024 para evitar cortes de servicio y despidos dramáticos. Esta semana, un ensayo de reducción del servicio en LIRR terminó en caos y ya se anunció su cancelación.

Los altos costos de la desinfección y las inversiones en la protección de los trabajadores, así como el cierre nocturno (actualmente de 2 a 4 a.m.), también han agravado los problemas financieros. En todo el sistema, MTA gastó $371 millones de dólares en costos relacionados con la pandemia en 2020 y espera destinar cerca de esa misma cantidad cada año hasta 2024.

El número de pasajeros en buses se redujo precipitadamente en marzo, pero se recuperó más rápido que en el Metro. Además, fueron gratis por varios meses para evitar contagios. Cuando se restablecieron las tarifas, la cifra de usuarios disminuyó por segunda vez.

“La mayoría de los pasajeros de autobús durante la pandemia eran trabajadores esenciales”, aseguró Jaqi Cohen, director de Straphangers Campaign, que aboga por los pasajeros del transporte público.

Los pasajeros de autobús tienen más probabilidades de ser personas mayores, de color o inmigrantes que los del Metro, según Richardson. MTA también ha introducido tres nuevas rutas de buses para atender a los pasajeros durante los cierres nocturnos del subterráneo y ha aumentado el servicio en los trayectos más concurridos.

En paralelo, los temores iniciales de infección pueden haber estimulado la compra de automóviles. “A pesar de que todos los estudios posteriores no han logrado mostrar un vínculo entre la transmisión de Covid y el tránsito, esa idea fue difícil de desalojar una vez que llegó a la mente de las personas”, reconoció Richardson.

Los viajes en automóvil –y pagos de peaje- se recuperaron más rápido que cualquier forma de transporte público, aunque aún menos personas se trasladan que antes de la pandemia, según los análisis de INRIX y StreetLight Data, dos empresas que se especializan en datos de movilidad.

En NYC, las vías de la ciudad han visto menos atascos y velocidades más altas, generando riesgos de choques y arrollamientos, mientras han subido las entregas a domicilio.

Para que la ciudad de Nueva York logre sus objetivos climáticos, será fundamental que más personas utilicen el transporte público, las bicicletas o caminen que antes de la pandemia.

El alquiler y compra de motos y bicicletas lleva rato experimentando un auge en la ciudad, lo que podría ayudar a reducir las emisiones del tránsito. Los defensores del ciclismo dicen que será clave la inversión continua en senderos para pedalistas y carriles protegidos.

Los precios por congestión, que la ciudad aprobó en 2019 pero aún no ha implementado, podrían desalentar los desplazamientos en automóvil y los cobros generarían $1 mil millones de dólares cada año para financiar el transporte público. Los carriles exclusivos para autobuses también aumentarían su velocidad, haciendo esa opción más atractiva.

A pesar de la actual crisis del transporte público, “Las condiciones fundamentales que crearon nuestros patrones de transporte no han cambiado debido a la pandemia”, advirtió Matthew Raifman, estudiante de doctorado en salud ambiental en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. “Si piensa en un lugar como la ciudad de Nueva York, los desafíos relacionados con la propiedad de un automóvil, como el estacionamiento y el tráfico, no habrán desaparecido después de la pandemia, y los beneficios de ir en bicicleta al trabajo o tomar el transporte público también seguirán existiendo”.