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¿Qué comía Martin Luther King Jr.? Descubre el Quilly, su debilidad dulce

El dulce refugio de MLK: el Quilly. Descubre el postre de Georgia que conectaba al líder con la cocina de su madre. Una historia de sabor, familia y nostalgia

Ingredientes humildes que se transforman en celebración. La combinación de texturas crujientes y cremosas define la esencia de la cocina de Alberta Williams King.

Ingredientes humildes que se transforman en celebración. La combinación de texturas crujientes y cremosas define la esencia de la cocina de Alberta Williams King. Crédito: Shutterstock

Durante siglos, la comida ha sido el alimento del alma. Todos tenemos un platillo que nos conecta con los recuerdos familiares y nos acerca al amor de quien una vez los preparó, en especial cuando lo hacen las madres y las abuelas. Tal es el caso del postre preferido del Dr. Martin Luther King Jr., quien era fanático de la comida de su natal Georgia, como el cerdo asado, el pollo frito y su gran antojo dulce: el Quilly.

La vinculación entre la comida y lo emotivo se definió como “Soul Food” (comida del alma). Tras recibir el Premio Nobel de la Paz, King se reencontró con sus sabores preferidos y, en especial, con el postre que le preparaba su madre, Alberta Williams King.

Este postre combina ingredientes y texturas de forma única. Por una parte, se disfruta de una “nube” suave y delicada de crema y gelatina; por otro, posee trozos crujientes de obleas de azúcar, que representan las “púas del puercoespín” (de ahí su nombre derivado de quill). Los expertos hacen una metáfora entre este dulce y la vida del Dr. King: una búsqueda de paz y suavidad en un entorno de resistencia dura y firme.

La receta: el quilly de la familia King

Otros ingredientes que aportan profundidad al sabor son los macarrones de coco, los malvaviscos y las frutas en conserva. Se trata de una receta de mediados del siglo XX, cuya ejecución en moldes decorativos eleva ingredientes humildes a una categoría de celebración.

Desde el punto de vista nutricional, aunque este postre posee una carga importante de carbohidratos de absorción rápida y grasas saturadas provenientes de la crema, este tipo de preparaciones actúan como un bálsamo para el sistema nervioso. En contextos de alto estrés, proporcionan una satisfacción sensorial que conecta con la seguridad emocional del hogar.

La receta es una versión de la original del recetario de la madre del Premio Nobel, recreada por Bridget Olson de All Recipes.

Ingredientes

Para preparar este tesoro de la gastronomía histórica, necesitarás una cucharada de gelatina sin sabor, un cuarto de taza de agua fría y un cuarto de taza de agua hirviendo. También se requiere una taza de azúcar, una cucharadita de extracto de vainilla o ron y dos tazas de crema espesa para batir. Para aportar textura, busca un cuarto de libra de almendras picadas (aproximadamente tres cuartos de taza), seis macarrones de coco duro desmenuzados, una docena de mini malvaviscos y una lata de ocho onzas de cóctel de frutas bien escurrido. Finalmente, necesitarás obleas de azúcar para decorar al momento de servir.

Preparación paso a paso

Lo primero que se debe hacer es preparar un molde Bundt de buena capacidad, preferiblemente de ocho a diez tazas, rociándolo ligeramente con spray antiadherente para facilitar el desmoldado posterior. Luego, un paso clave es la hidratación de la gelatina en el agua fría, dejándola reposar unos cinco minutos para que las proteínas se hidraten correctamente. Mientras tanto, en un recipiente aparte, se disuelve el azúcar en el agua hirviendo, permitiendo que esta mezcla se enfríe totalmente a temperatura ambiente antes de continuar para no afectar la estructura de la crema.

El próximo paso consiste en batir a velocidad media-alta las dos tazas de crema espesa junto con la vainilla o el ron, buscando alcanzar picos medianos que den estructura pero mantengan la cremosidad. Una vez que el almíbar de azúcar esté frío, se combina con la gelatina hidratada y se incorpora de manera envolvente a la crema batida. Es vital realizar movimientos suaves para no perder el aire atrapado. En este punto se añaden los elementos que aportan carácter: las almendras picadas, los macarrones de coco desmenuzados, los malvaviscos y el cóctel de frutas.

Se integra todo con delicadeza hasta obtener una mezcla homogénea. Se vierte la preparación en el molde y se refrigera por un mínimo de cuatro horas, aunque lo ideal es dejarla toda la noche para que los sabores de los macarrones y las frutas se fusionen perfectamente con la crema. Al momento de servir, se desmolda sumergiendo la base en agua caliente unos pocos segundos para que la gelatina se suelte sin derretirse. Finalmente, se decora con los trozos de obleas de azúcar, devolviéndole al plato esa textura crujiente que tanto disfrutaba el Dr. King.

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