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Puerto Rico vs. Groenlandia: ¿por qué Donald Trump quiere anexar la isla del Ártico y no la del Caribe?

Expertos analizan el empeño del presidente por obtener Groenlandia en contraste con sus reservas para que Puerto Rico se convierta en estado

Vistas aéreas de Groenlandia y de Puerto Rico

Vistas aéreas de Nuuk, Groenlandia, y de San Juan, Puerto Rico. Crédito: AP

NUEVA YORK – Factores económicos, culturales, políticos partidistas y hasta demográficos podrían explicar la negativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en impulsar la anexión de Puerto Rico en contraste con su insistencia en que la isla del Ártico forme parte de la Unión.

Profesores consultados por El Diario coincidieron en que la resistencia del republicano a expresarse en favor de ese cambio de estatus para la isla del Caribe estaría vinculada a la cantidad de habitantes, aspectos culturales y la posibilidad de que el Partido Republicano pierda escaños en el Congreso.

Groenlandia es un territorio autónomo situado en Norteamérica, pero sujeto al Reino de Dinamarca en Europa.

Bajo la relación que une a Groenlandia con Dinamarca, conocida como Mancomunidad del Reino y que data del 1953, la isla gestiona sus asuntos internos, mientras que el país europeo controla áreas como defensa, política exterior y seguridad nacional.  La isla más grande el mundo se convirtió en colonia de Dinamarca en 1721, pero a lo largo de los años ha ido ganando mayor autonomía, luego de que en el 1979 se empezara a implementar el autogobierno. 

“El Reino de Dinamarca está formado por Dinamarca, las Islas Feroe y Groenlandia, y también se conoce como la Mancomunidad. Debido a las particulares condiciones nacionales, históricas y geográficas de estas regiones, gozan de un alto grado de autonomía”, explica el sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca.

En el 2009, Dinamarca transfirió gran parte de los poderes del gobierno a Groenlandia.

“Las autoridades de las Islas Feroe y de Groenlandia son, por lo tanto, responsables de legislar y administrar las áreas transferidas, y tienen responsabilidad financiera independiente para la ejecución de dichas tareas. El Estado proporciona una subvención financiera general anual a las Islas Feroe y a Groenlandia (la subvención global)”, añade la información en la página.

Al momento, la población de Groenlandia se calcula en unos 57,000 habitantes con la mayoría de origen nativoamericano o inuit, de acuerdo con datos de Worldometer.

Puerto Rico, invadido por EE.UU. en el 1898, es un territorio no incorporado, sujeto a los poderes plenarios del Congreso bajo la Cláusula Territorial de la Constitución federal.

Desde el 1952, en la llamada “Isla del Encanto” opera lo que se conoce como el Estado Libre Asociado (ELA), sistema de gobierno bajo el que el territorio tiene su propia Legislatura y Constitución, por ejemplo, pero continúa sujeto a las decisiones de las autoridades federales en varios aspectos como es el de defensa. A través del tiempo, y distinto al caso de Groenlandia, Puerto Rico ha ido perdiendo autonomía por medidas impuestas por organismos como la Junta de Control Fiscal (Junta de Supervisión y Administración Financiera para Puerto Rico o FOMBPR) aprobada por el Congreso en el 2016 para reestructurar la deuda del Gobierno, reingresar a la isla a los mercados de capital y administrar las finanzas de agencias y otras instrumentalidades. Puerto Rico además depende significativamente de fondos federales para subsistir, según lo ha confirmado la propia Junta.

La población de la isla caribeña se estima en unos 3.2 millones.

Sin embargo, precisamente, por las condiciones socioeconómicas y los altos niveles de pobreza, millones de boricuas han migrado a EE.UU. desde principios del siglo pasado. Actualmente, los boricuas en la diáspora superan por el doble a los de la de la isla. La cantidad se estima en unos 6 millones, según los datos de la Oficina del Censo federal.

A juicio de Ángel Viera, profesor de Ciencias Políticas en el Departamento de Ciencias Sociales del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (UPR), el aspecto demográfico sumado al concepto de identidad nacional son claves en la discusión sobre el futuro de la isla.

 “Se adquirió a Puerto Rico (de España) después de la Guerra Hispanoamericana con el Tratado de París, pero en Puerto Rico ya había una presencia poblacional con una cultura distinta, una identidad nacional en proceso de perfilarse. Aun cuando en Puerto Rico no ha habido un movimiento independentista con la capacidad de plantear seriamente la independencia frente a EE.UU. de manera contundente, pues ha sido como el témpano de hielo la identidad nacional, y eso ha generado, tradicionalmente, algún tipo de resistencia en EE.UU. que hasta se puede ver en el lenguaje de los Casos Insulares de principios del siglo 20. ‘Ay, es que esta gente es tan diferente’, ‘por eso es que a esta gente hay que tratarla de manera distinta a lo que ha sido tradicionalmente el trato hacia los territorios que nosotros hemos adquirido’. Tuvieron que ser creativos en esos Casos Insulares y decir, ‘Puerto Rico, sí pertenece a EE.UU., pero no es parte de EE.UU.’, y todo es justificado con un lenguaje de diferenciación que ha caracterizado hasta el día de hoy…Tal parece que algunos hacedores de política pública ven que Groenlandia puede ser un caso distinto porque la población es más reducida”, expuso.

Los Casos Insulares son una serie de decisiones de la Corte Suprema de principios del siglo pasado bajo las que se estableció un marco legal que legitima la gobernanza desigual hacia los territorios adquiridos por EE.UU. después del 1898. Bajo la jurisprudencia del Supremo, a los habitantes de los territorios no incorporados no se le garantizan los mismos derechos constitucionales que a los de los incorporados.

Según el académico, la percepción de las autoridades en EE.UU. puede ser que los groenlandeses se asimilarían más fácilmente que los puertorriqueños.

“Esa podría ser la percepción o la impresión, pero tal vez la cosa no sea tan fácil”, afirmó Viera en entrevista con El Diario.

La situación de la población, que es una nativa americana, habría que ver cómo opera eso en el caso de una posible anexión, y, sobre todo, dado el trato tradicional a las poblaciones nativo americanas en el contexto de EE.UU., marginadas a las reservaciones. Obviamente, la cosa puede complicarse más allá de los cálculos simplistas de algunos hacedores de política pública estadounidense”, argumentó el educador.

Javier Alemán, profesor del Departamento de Historia de la UPR, pero en Río Piedras, también se refirió a la jurisprudencia del Supremo de principios del siglo pasado para resaltar cómo, en el imaginario estadounidense, el puertorriqueño, desde el principio, ha sido visto como diferente.

“Uno, legítimamente, puede decir que cree en la anexión, puede dar sus razones y argumentar, pero hay una evidencia que está clara. Nosotros, los puertorriqueños en la isla y en la diáspora no somos considerados para ser parte de EE.UU., por muchos discursos de los que hay evidencia desde el 1898 sobre cómo somos nosotros, sobre nuestras limitaciones geográficas, sobre nuestras limitaciones raciales, para ellos (EE.UU.), es evidente”, indicó el miembro de la Academia Puertorriqueña de la Historia.

El también integrante de la Asociación de Historia Económica del Caribe consideró que esa visión no ha cambiado a pesar de que ya son casi 130 años desde que Puerto Rico pasó a ser posesión de EE.UU. 

“La visión de prejuicio hacia nuestras personas, nuestros hermanos y hermanas puertorriqueñas tanto en EE.UU. como en el archipiélago puertorriqueño, hay un prejuicio que domina, lamentablemente, esa visión. Si aquellos que están a favor de la anexión aún no lo consideran, no sé por qué no lo hacen, porque las razones están claras. Son unos 130 años en una relación desigual donde no tenemos representación en el Congreso dignamente, aunque tenemos un comisionado residente que hace una gestión, pero no tiene voto (en el pleno), así que yo no creo que esa visión que viene desde el 1898 ha cambiado mucho. Al contrario, la deuda agudiza la percepción o la construcción de ese imaginario de quiénes somos nosotros y nosotras (los puertorriqueños)”, analizó Alemán en el intercambio con este medio.

¿Puerto Rico sería un estado demócrata?

Para el historiador también pesa en la discusión los escaños que obtendría Puerto Rico en el Congreso en caso de convertirse en estado. El debate sobre este asunto se centra en la idea de que Puerto Rico sería un estado demócrata y no republicano, y que eso implicaría más sillas para los miembros de ese partido en la legislatura en Washington D.C., y, por ende, mayor poder político.

“(Hay razones) políticas, por los escaños y qué representa en términos de fuerza para lograr proyectos específicos (en el Congreso que beneficiarían a Puerto Rico), y dos, económica. Esto sí se ha demostrado que, de Puerto Rico convertirse en estado, debe ser uno de los estados con mayor contribución de presupuesto (federal), por ende, sería un costo mayor al momento en que estos legisladores compitan estado por estado…Obviamente, ellos no desean hacerlo. Su interés es mantener lo que tienen (en Puerto Rico), un lugar en el que pueden entrar y salir cuando quieren, con control federal alrededor de nuestras costas y que defiende los intereses de EE.UU. en el Caribe”, explicó.

Viera, por su parte, entiende que cualquier análisis sobre la inclinación ideológica de Puerto Rico en caso de convertirse en estado sería especulativo.

“Siempre se ha especulado que Puerto Rico sería un estado demócrata por su propia situación económica de dependencia del gobierno federal, aunque otros plantean que eso podrá ser en el aspecto económico y algunos aspectos sociales, pero en otros ángulos se entiende que Puerto Rico podría gravitar hacia el lado más conservador…Pero todo eso es altamente especulativo, y si se diera la situación, pues en el momento de la verdad, habría que ver qué factores y variables son las que entran en juego para definir una preferencia política de los puertorriqueños en ese momento”, manifestó.

El investigador fue más lejos al señalar que el asunto podría tratarse de otra excusa más del Congreso para no atender el dilema territorial de la isla.

“Es otra excusa más para evitar la consideración seria por parte del Congreso de la cuestión del estatus de Puerto Rico. Me parece que si hubiera una voluntad política de anexar o integrar a Puerto Rico ya se hubiera manifestado hace algún tiempo fuera de las preferencias ocasionales de uno u otro candidato a la presidencia de EE.UU. o uno u otro miembro del Congreso”, declaró.

Por los pasados 12 años, los puertorriqueños se ha expresado a favor de la estadidad en cuatro plebiscitos, aunque los resultados de estos no han sido avalados por el Congreso y han sido puestos en cuestionamiento por distintos sectores bajo argumentos de baja participación y de la exclusión del ELA como opción, por ejemplo.

“En el caso de Puerto Rico, pueden manifestarse unas preferencias en unos plebiscitos estrictamente de carácter local, no obligatorio ni reconocidos por el Congreso. Habrá que ver, a la hora de la verdad si llegamos a un proceso que sea ejecutable o por lo menos reconocido o auspiciado por el Congreso; habrá que ver cómo se dividen las preferencias de estatus en ese momento”, dijo Viera.

En cuanto al caso de Groenlandia, el profesor de la UPR de Mayagüez resaltó la ruta hacia la independencia que caracteriza su historia más reciente.

Ya hay unos acuerdos de Groenlandia con Dinamarca para que haya un aumento progresivo de los poderes de autonomía que en estos momentos tiene Groenlandia, y, de hecho, se contempla que al final del proceso lo que pueda ocurrir es la independencia de Groenlandia si así lo solicitan los habitantes. Interesantemente, las diferencias entre los partidos políticos no son tanto con respecto al objetivo final de la independencia, sino cuándo sería más conveniente que ese aumento progresivo de la autonomía lleve a una independencia”, reflexionó.

La deuda del gobierno de Puerto Rico con los bonistas que se dilucida en el tribunal federal de Puerto Rico desde hace unos 10 años también es un elemento que estaría ahuyentando cualquier proceso para anexar a Puerto Rico a EE.UU., según Alemán.

Definitivamente. Trump en eso ha sido muy categórico, que Puerto Rico no sabe autogestionarse. Y, objetivamente, internamente es un reto que usted tenga un negocio y que no pueda administrarlo sanamente. Cualquier persona que usted le va a pedir dinero para invertir, no te lo va a prestar. Así que sí es un reto la deuda y lo que implica PROMESA (Ley para la Supervisión, Administración y. Estabilidad Económica de Puerto Rico) para cualquier persona que anhele ser estado de EE.UU.”, afirmó el académico.

Sobre este particular, Viera no está del todo convencido.

“En cuanto al efecto de la quiebra, obviamente, EE.UU. ve una situación más reciente. Pero, el efecto de la quiebra a mí me parece que opera para dar una excusa para ni siquiera considerar el problema del estatus en Puerto Rico, como han dicho algunos miembros del Congreso. ‘Miren, ustedes (puertorriqueños) tienen que resolver el asunto económico, el asunto de la quiebra, y entonces podemos conversar aquí sobre el asunto del estatus’. Pero, eso, más bien opera como una excusa para ni siquiera comenzar el proceso de dialogar”, consideró.

En este sentido, Viera, quien ofrece clases sobre Sistema Político de EE.UU. y Teoría Política, destacó cómo la remilitarización reciente de Puerto Rico en la coyuntura del conflicto entre el país del norte y Venezuela, tampoco ha llevado a que Trump se exprese a favor de la estadidad para la isla.

“Si ya EE.UU. puede obtener geopolíticamente lo que desea con esta presente relación, para qué salir de ahí. Interesantemente, luego de esa reactivación de esas bases en estado durmiente, hubo un esfuerzo del gobierno de Puerto Rico para reorientar las conversaciones alrededor de la estadidad en términos de ese interés geopolítico. EE.UU. con la estadidad tendría el control geopolítico definitivo contra posibles competidores, pero tal parece que esa es la óptica del gobierno de Puerto Rico, no del gobierno de EE.UU.  que dice que eso ya lo tenemos”, planteó.

Desde septiembre del año pasado, más militares estadounidenses y equipo comenzó a ser desplegado a Puerto Rico. Bases como la de Roosevelt Roads en Ceiba, cerrada desde el 2004, fueron reabiertas.

El gobierno de Puerto Rico, encabezado por la primera mandataria Jenniffer González, ha defendido la movilización e insistido en que es evidencia de la importancia estratégica de la isla en términos de seguridad nacional, además de inyectar a la economía local.

Viera explicó que, en ambas islas, EE.UU. ve importantes intereses de seguridad, pero con consideraciones distintas.

Puerto Rico es importante en el contexto del Caribe. Siempre se ha reconocido a Puerto Rico como la llave de entrada al Caribe e importante para las acciones de EE.UU. en distintos momentos, y, recientemente, con Venezuela, vimos la importancia de Puerto Rico, a tal punto que se reactivaron unas bases que estaban en estado durmiente, pero aumentó la presencia militar en Puerto Rico y habrá tenido alguna presencia que aún no conocemos todos los detalles con respecto a la ocurrido con Nicolás Maduro. Ciertamente, en el contexto del Caribe, Puerto Rico tiene su importancia”, afirmó el catedrático.

Añadió: “Ahora, en el Ártico, que también se ha convertido en pieza estratégica clave por cuestiones de acceso…y por acceso también a los minerales, que son una especie del nuevo oro del siglo 21, tierras raras, minerales críticos. Son ambos importantes, pero en marcos diferentes, y, en el caso de Puerto Rico, EE.UUU. ya tiene el control directo como territorio y un acceso y presencia mayor. En el caso de Groenlandia, eso está por definirse”.

Las riquezas de Groenlandia y las rutas marítimas

Por su parte, Alemán argumentó que el avance económico de países como Rusia y China se encuentra en el centro de la discusión en lo que respecta a Groenlandia.

“Aunque muchas personas pueden decir que Trump quiere esto, porque quiere poder, pues, sí lo es, pero hay un conflicto de espaldas que es el ascenso de lo que es China a nivel económico y la presencia de capital en Latinoamérica y gran parte del mundo, y la política de Vladimir Putin que lleva ya más de una década dejándose sentir por gran parte del mundo”, expuso.

Groenlandia, situada entre el Océano Atlántico Norte y el Océano Ártico, es una zona con vasta cantidad de petróleo, gas, así como recursos minerales y tierras raras. También cuenta con una boyante industria pesquera y de turismo.

En el área ubican varias rutas marítimas que facilitan la conexión Atlántico-Pacífico como son la Ruta del Mar del Norte, el Paso del Noroeste y la Ruta Transpolar.

Las estimaciones apuntan a que el deshielo producido por el cambio climático abrirá nuevos caminos y reducirá el tiempo de transporte entre Asia, Europa y América del Norte. De acuerdo con el portal de CESEDEN, que cita datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU., “para el 2030 las rutas del Ártico podrían ser navegables durante períodos de tiempo significativamente más largos, lo que facilitaría el acceso a mercados globales”.

 A esta pieza del rompecabezas, se suma la de seguridad nacional.

Cuando uno mira la esfera, uno pone esa imagen, tienes a EE.UU., tienes a Asia y tienes ahí a Groenlandia. (Groenlandia) es importante para conservar su seguridad, en caso de que estos competidores, Rusia y China, hagan un ataque militar. Ellos piensan que, si asumen control territorial, de Groenlandia, pueden crear el ‘Domo de Oro’, que es similar a lo que tiene Israel, que lo vimos en los meses pasados cuando fueron atacados por Irán, y que pudieron defenderse con ese domo. Ese es el planteamiento importante. No es porque yo quiero más terreno, es que yo lo necesito, porque yo estoy en un conflicto parecido al de la Guerra Fría. Yo estoy compitiendo por mi hegemonía en las zonas de influencia, pero esa isla en particular me pone de lleno en un escenario de defensa, porque si Rusia y China deciden atacarme, yo me puedo defender. EE.UU. está en el lado oeste, en la parte de la esfera, entonces tengo toda una barrera que me puedo defender. Así que el interés no es solamente por tener más terreno o recursos naturales, que eso también es parte del asunto, sino por la posición”, abundó Alemán.

Viera recordó que el interés de EE.UU. en la zona de Ártico no es nuevo, sino que se remonta al siglo 19 con la adquisición de Alaska.

“Me parece que el interés de los EE.UU. en Groenlandia es un interés bastante antiguo, por lo menos se puede trazar hasta el siglo 19. En el mismo momento en que EE.UU. adquiere a Alaska…demuestra que EE.UU. con la compra de Alaska en 1867 ya tenía interés particular en el Ártico y se lo compra a Rusia, y justo en ese preciso momento EE.UU. ya explora con el reino danés la posible adquisición de Groenlandia”, especificó.

EE.UU. estableció un protectorado de facto en Groenlandia, en el 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, en medio de la ocupación de Dinamarca por la Alemania nazi. Posteriormente, en la década de los 50, EE.UU. logró un acuerdo con el gobierno danés para mantener una presencia militar en la isla que se tradujo en la base aérea de Thule o Pituffik.

“El factor geopolítico juega un rol importante aquí, y ese interés estadounidense no se reduce, no cede con el paso del tiempo, sino que, por el contrario, se ha mostrado de distinta manera. Ha habido periodos críticos en la historia de los EE.UU. cuando se ha visto involucrado en conflictos, como, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial. Ahí, los estadounidenses ocuparon directamente a Groenlandia, en este caso, dada la situación en Europa por la Segunda Guerra Mundial fue una ocupación consentida para evitar que cayera en manos de los alemanes. Posteriormente, sigue, ya en el contexto de la Guerra Fría el interés estadounidense por mantener algún tipo de inherencia en los asuntos de seguridad correspondientes a Groenlandia”, enumeró Viera.

“Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.”

A juicio del profesor, la insistencia de Trump en comprar o anexar a Groenlandia durante esta Administración responde a una reorientación geopolítica que consta en un documento publicado en noviembre del año pasado.

El documento de 33 páginas, titulado “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América”, es una “hoja de ruta” para asegurar que el país permanezca como el más “grande” y “más exitoso” en la historia humana.

“Tras el fin de la Guerra Fría, las élites de la política exterior estadounidense se convencieron de que la dominación permanente de Estados Unidos sobre el mundo entero redundaba en el mejor interés de nuestro país. Sin embargo, los asuntos de otros países solo nos conciernen si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses”, lee parte del texto que circuló la Casa Blanca.

La exposición también hace referencia a la “Doctrina Monroe” al estilo del presidente o “Colorario Trump”. Bajo esa doctrina proclamada inicialmente en el 1823, EE.UU. se comprometió a no interferir en asuntos concernientes a las potencias europeas. Sin embargo, las potencias europeas estarían obligadas a respetar el hemisferio occidental como esfera de influencia de EE.UU.

“Queremos garantizar que el hemisferio occidental se mantenga razonablemente estable y con una gobernanza lo suficientemente sólida como para prevenir y desalentar la migración masiva a los EE.UU.; queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad extranjera de activos clave, y que respalde las cadenas de suministro críticas; y queremos garantizar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos e impondremos un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe”, afirma el escrito.

De acuerdo con el texto, Trump quiere detener y revertir el daño que los actores extranjeros infligen a la economía estadounidense, “manteniendo al mismo tiempo la región del Indo-Pacífico libre y abierta, preservando la libertad de navegación en todas las rutas marítimas cruciales y manteniendo cadenas de suministro seguras y fiables, así como el acceso a materiales esenciales”.

El documento hace referencia, además, a la necesidad de dejar atrás la doctrina de no intervencionismo de los fundadores de la nación.

“Para un país cuyos intereses son tan numerosos y diversos como los nuestros, la adhesión rígida al principio de no intervención no es posible. Sin embargo, esta predisposición debería establecer un listón muy alto para determinar qué constituye una intervención justificada”, expone el escrito.

“Los días en que EE.UU. sostenía todo el orden mundial como Atlas han terminado. Contamos entre nuestros numerosos aliados y socios con docenas de naciones ricas y avanzadas que deben asumir la responsabilidad principal de sus regiones y contribuir mucho más a nuestra defensa colectiva”, añade la Administración Trump.

Para Viera, la intención detrás de la estrategia de seguridad nacional es que EE.UU. mantenga el control del continente en distintas áreas.

“EE.UU. conceptualiza, en ese documento, unas zonas de división, fundamentalmente, Europa, Asia, el continente americano, y es claro, en ese documento, que el interés de EE.UU. es mantener un control del continente americano en distritos aspectos, económicos, políticos, y, particularmente, de seguridad nacional”, analizó.

Según Viera, en una situación de competencia geopolítica como la que tiene EE.UU. con China y Rusia en el Ártico, “Trump no cree que los europeos tengan la capacidad de asegurar los intereses de seguridad nacional de EE.UU., y, por lo tanto, hace falta un control estratégico o geopolítico más directo”.

Durante el Foro Económico de Davos en Suiza en enero pasado, el presidente pareció bajar el tono con relación a sus intereses en Groenlandia y dijo que no tomaría a la fuerza la isla y que había descartado el uso de la fuerza militar.

Aseguró que había llegado a un marco de acuerdo sobre Groenlandia.

Trump hizo el anuncio tras una reunión con el secretario general de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), Mark Rutte.

Aunque el contenido oficial del plan no ha sido divulgado, medios como CNN enumeraron al menos tres cambios sobre la mesa: una actualización del Tratado de 1951 para reforzar la seguridad en la zona, la construcción de nuevas bases militares en territorio soberano estadounidense y la exclusión de Rusia y China de presencia militar y económica en la región ártica.

Trump, el Partido Republicano y la estadidad para Puerto Rico

En su primera referencia a Puerto Rico desde que inició su segundo mandato, Trump utilizó su red social Thruth Social en octubre pasado para emplazar a la delegación republicana en el Senado a que elimine el proceso parlamentario conocido como filibusterismo. El presidente hizo el pedido haciendo la salvedad de que lo anterior le daría mayor campo de acción a los demócratas para avanzar, por ejemplo, con proyectos dirigidos a atender el tema del estatus de Puerto Rico o de admitir al territorio y al Distrito de Columbia como estados de la unión, lo que sería “altamente destructivo”.

Trump hizo las expresiones en el contexto de la necesidad de reabrir el gobierno federal. El filibusterismo requiere 60 votos en el Senado para que una votación sobre un proyecto de ley avance, lo que lleva al aplazamiento o bloqueo de la misma si no se cuenta con esa supermayoría.

“Ha llegado el momento de que los republicanos jueguen su carta de triunfo y opten por la opción nuclear: eliminar el obstruccionismo parlamentario, ¡y eliminarlo ya! Hace poco tiempo, los demócratas, estando en el poder, lucharon durante tres años para lograrlo, pero no lo consiguieron debido a los senadores Joe Manchin de Virginia Occidental y Kyrsten Sinema de Arizona”, compartió Trump desde su cuenta.

Continuó: “Quieren ampliar sustancialmente (para cargar a su favor) la Corte Suprema de Estados Unidos, convertir a Washington D.C. y Puerto Rico en estados (¡obteniendo así automáticamente 4 escaños en el Senado, muchos en la Cámara de Representantes y, al menos, 8 votos electorales!), y muchas otras cosas altamente destructivas. Ahora que estamos en el poder, si hiciéramos lo que debemos hacer, se acabaría de inmediato con este ridículo y destructivo ‘cierre’ del gobierno”.

No es la primera vez que Trump se expresa en contra de la estadidad para Puerto Rico. En una reunión, en el 2018, con el entonces gobernador del territorio, Ricardo Rosselló, este abogó por esa opción de estatus para Puerto Rico.

La respuesta de Trump fue: “Muchas gracias, Ricardo, y Ricardo nos va a garantizar a nosotros dos senadores republicanos. ¿Eso es incorrecto?”.

Rosselló replicó: “Yo le garantizo que Puerto Rico va a ser un estado péndulo (bisagra)”.

También fue tema de debate en EE.UU. y en la isla las supuestas expresiones del presidente en las que sugería intercambiar a Puerto Rico por Groenlandia, según indicó el exoficial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) Miles Taylor.

Miles declaró a NBC en el 2020 que el presidente supuestamente le preguntó a él y a otros funcionarios si EE.UU. podría intercambiar Groenlandia por Puerto Rico porque a juicio de Trump, “Puerto Rico estaba sucio y la gente era pobre”.

Las declaraciones se dieron tras el desastre provocado por el huracán María en el 2017 y los choques entre Trump y funcionarios en la isla por el manejo de la emergencia. Mientras líderes locales cuestionaban la lenta respuesta de las autoridades federales, Trump acusaba a los gobernantes del territorio de corruptos e incompetentes.

Por otro lado, el texto del programa de gobierno 2024 del Partido Republicano descartó la mención directa a la estadidad para la isla.

En su lugar, la plataforma indica que la colectividad “acoge con beneplácito una mayor participación de los territorios en todos los aspectos del proceso politico”.

Algunos líderes puertorriqueños aliados de Trump han enfatizado en el contenido del reglamento de la colectividad bajo “Membresía en la convención” en el que se indica que, si Puerto Rico se volviera estado antes de la próxima convención, el número de delegados de la isla debe ser calculado acorde con la misma fórmula utilizada para otros estados.

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